Cuento de otoño: Rohmer, el rayo que no cesa

Ya no filosofa a través de una voz en off como en «Cuentos Morales» pero sigue siendo –esencialmente– Eric Rohmer, el mismo de «El rayo verde», ese cineasta europeo que logra emocionar con las cosas simples de la vida. Ahora completa su saga cíclica con Cuento de otoño, aunque, en apariencia, de la impresión de estar contando la misma historia. Una impresión engañosa, por cierto.

El largometraje llega con cierto retardo pero, en esta ocasión conviene repetir la frase popular que atiende tardanzas antes que jamases.

Es que Cuento de otoño –que obtuvo un premio especial por su guión– es ese tipo de largometrajes que logra diferenciar con nitidez la valiosa calidad del arte cinematográfico.

En esencia, da la impresión que pasara poco y nada: apenas una viuda solitaria, aislada en el campo y concentrada en su viñedo, que recibe la ayuda de una amiga de toda la vida que ha decidido conseguirle pareja.

El resto es una seguidilla de encuentros y desencuentros que bien podrían confundirse con los propios golpes de efecto de cualquier teleteatro.

Pero la sapiencia de Rohmer es transformar estos lugares comunes en verdaderos hallazgos plenos de sensibilidad y una sutilísima poesía que recorre la película palmo a palmo.

No sólo se trata de un diálogo ajustado en donde no parece sobrar nada a pesar de la frescura y espontaneidad con que los personajes dicen su letra.

También resulta digno de elogio ese manejo de actores –casi invisible– que logra extraer pasiones al borde de la mirada y contener furias apenas desatadas mientras la cámara recorre, con una simpleza casi desprolija, ese mundo natural de la campiña francesa.

No es casual que el filme se cierre con un casamiento donde las parejas bailan mientras un cantante veterano entona una canción que habla de vendimias y tiempos que fluyen. Como en ciclo perfecto, el cine de Eric Rohmer vuelve a decir –en apariencia– las mismas cosas pero de manera diferente.

Hay, por ejemplo, varios personajes que dialogan permanentemetne, aunque oculten más de lo que confiesen, mientras la pantalla refleja con respetuosa distancia las idas y venidas de estas criaturas.

En dicha galería –además– no deja de aparecer una joven con su buena dosis de rebeldía, un par de personajes masculinos bastante polarizados y dos mujeres que también pueden llegar a representar dos estilos de vida diferentes a pesar de algunas semejanzas curiosas.

El espectador que atraviese la engañosa simplicidad de esta instancia audiovisual de los cuentos de las cuatro estaciones podrá disfrutar de una obra plena y madura. Como el buen vino.

Cuento de otoño. (Francia 1998). Escrita y dirigida por Eric Rohmer. Producción: Margaret Menegoz; Director de Fotografía: Diane Baratier; Montaje: Mary Stepeh; Sonido: Pascal Ribier; Música: Claude Marti. Con Marie Riviére, Beatrice Romand, Alain Libolg y Didier Sandre. *

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