Muerte de un informalista español
NELSON DI MAGGIO
Quizá injustamente, Joan-Josep Tharrats, fallecido el jueves pasado de una larga enfermedad degenerativa, no figura en muchos diccionarios e historias de arte del siglo XX. Sin embargo, el protagonismo que tuvo en la cultura catalana entre las décadas del cuarenta y el ochenta, su generosidad intelectual y su independencia y responsabilidad cívica, hicieron de él una figura respetable y respetada.
Nacido en Girona en 1918, Tharrats, hijo de escritor y poeta que tenía una imprenta para autoeditarse, frecuentó desde la infancia el mundo de la cultura y la manera de difundirla. Sin salir de su casa y en compañía de sus colegas y (a ratos) amigos, Antoni Tapies, Modest Cuixart, Joan Ponç, Joan Brossa, Arnau Puig y Joan Eduardo Cirlot, fundó Dau al Set. Editada entre 1948 y 1953, esta revista barcelonesa fue un punto de referencia insoslayable por su carácter cosmopolita, abierta a la aventura de la modernidad y en lucha semiclandestina contra la cultura franquista. Con una diagramación audaz e inspirada, sus textos (la mayoría en catalán) recogieron los nombres de creadores contemporáneos y hasta llegó a editar números monográficos dedicados a Gaudí, Picabia, Klee, Miró y al jazz, además de intervenciones públicas más o menos ruidosas. Con una vocación por la imprenta, reapareció con una nueva revista en 1983, Negre+Blau, y mantuvo una estrecha relación con la estampa de la cual fue un artesano inventivo, con ejemplos memorables.
Hizo la primera unipersonal en 1950 en Barcelona y a partir de allí mantuvo una actividad constante y periódica, integrando muestras colectivas que recorrieron muchos países. Ligado al informalismo, una de las corrientes estéticas que más fructificó en España, muy acorde a la idiosincrasia nativa, con su violencia emotiva y su contraste de luces y sombras, Tharrats mantuvo una coherencia formal y expresiva que incluyó la pintura, el grabado, la cerámica, el mosaico, la orfebrería y la decoración teatral, con una apertura hacia una claridad tonal en los años ochenta.
Pero en especial hay que destacar su acción como gestor cultural. Manejando una información amplia y segura, producto de sus viajes y de una amplia biblioteca y archivo (donados al Departamento de Cultura de la Generalitat) escribió (y mucho) en diferentes revistas (Destino, La estafeta literaria, Art International, Cuadernos Hispanoamericanos) sobre arte y artistas contemporáneos, así como publicó varios libros. *
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