El trovador cubano Pablo Milanés actuará, en abril, en Montevideo

Yo pisaré las calles nuevamente

A los 56 años, Pablo Milanés parece abrir un nuevo ciclo en su vida, guiado por su sensibilidad de siempre, empeñada, desde comienzos de los 90, en sumergirse en la intimidad, concentrarse en amores, familia, amigos. Una etapa que parece coronar con la reanudación de sus vínculos con el público.

Los últimos tiempos habían sido especialmente duros para el trovador, quien nunca antes sintió con tanta crueldad sus padecimientos óseos. El quirófano ha sido un acompañante caprichoso y absorbente.

Como si quisiera mostrar que está renovado, el enorme poeta cantor recupera poco a poco su ritmo habitual de trabajo. Ya ha subido dos veces a escenarios de La Habana y también lo hizo en México.

La nueva operación practicada en su sistema óseo –en España, tras una caída en su casa– lo alejó de la escena durante más de un año, convalecencia que pasó entre ejercicios fisioterapéuticos, médicos y un prolongado descanso.

Pero luego reapareció en el teatro Carlos Marx, subió al escenario sin bastón, su acompañante infaltable de estos duros años de enfermedad (recordemos su última actuación en el cine Plaza de Montevideo) y cantó ininterrumpidamente durante más de una hora.

Ahora, de acuerdo a informaciones recibidas desde Cuba, comenzó el 2000 con bríos renovados y buen semblante. Como si quisiera recuperar el tiempo en que se vio sometido a la lenta tarea de recuperar su salud.

Su perseverancia ha sido una lección de lo que pueden las reservas espirituales de un ser humano. Impulsado por las ganas de vivir, el autor de «Yolanda», «Yo pisaré las calles nuevamente», «El breve espacio en que no estás», «Yo no te pido» y otras composiciones que ya forman parte de la memoria emotiva de los pueblos de América Latina, Milanés es como un guerrero obstinado, reticente a guardar las poderosas armas de su sensibilidad y su voz.

El sabe que su garganta, aún vigorosa, hace falta para saciar mucha sed de canciones hermosas y –como dijo el poeta– seguir siendo una luz en el camino.

El artista completa su felicidad en el contacto con los espectadores. Comprobar que su obra mantiene su poder seductor en un público cada vez más joven es quizás la mayor recompensa a tanto tiempo perdido entre hospitales, recuperaciones e inactividad pública.

Durante treinta años, el fundador de la llamada Nueva Trova Cubana (junto a otros inmensos creadores, como Silvio Rodríguez y Noel Nicola) combinó textos de corte netamente amoroso con canciones de barricada, filosofía humanista, compromisos e ideología, logrando componer obras que son un repaso a la historia de America la pobre.

Curiosamente, el resquebrajamiento de su salud ha coincidido con un gusto por escribir desde la intimidad. Por lo menos sus últimos cinco discos son una reflexión privada, una conversación consigo mismo dominada por los sentimientos. Las cuestiones sociales han quedado para las entrevistas. Sus canciones más recientes desprenden un aire otoñal propio de la edad. Carecen del ímpetu, el vigor, la rebeldía de la juventud. En cambio, llegan suavemente, acompañadas de hermosas melodías, pero sin afán de dar lecciones, salvo la de la experiencia que dan los años, tal vez lo que el público reconoce verdaderamente, como auténtico.

A los 56 años, Pablo Milanés parece aplicar a pie juntillas aquel consejo: «No desesperes, nunca desesperes ante los hechos, todavía pueden surgir nuevas fuerzas, y eso significa, precisamente, que tú vives».

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