Entre rejas. Este rupturista filme japonés describe la agobiante violencia de la vida carcelaria

"Big bang love": un cruento retrato de la radical degradación humana

Empero, esa tendencia a la burda comercialización y a la recurrente banalización del trabajo intelectual no siempre responde una lógica lineal, como sí sucede en las industrias que privilegian la cáscara del envase sobre la sustancia del contenido.

En efecto, la violencia y el sexo también pueden operar como lenguajes expresivos al servicio de un propósito bastante más aleccionante, que apunte a la reflexión crítica y al análisis de los grandes dilemas existenciales de nuestro tiempo.

No obstante, en el caso del cine, ambas vertientes suelen subordinarse a diversas variables estéticas, que no siempre contemplan las demandas del mercado y, a menudo, promueven discursos radicalmente iconoclastas.

Es el caso particular del transgresor realizador japonés Takashi Miike, un artista tan admirado como denostado, que es virtualmente desconocido en estos lares.

Se trata de una figura de culto de la cinematografía nipona independiente, que ha logrado atesorar una tan abundante como controvertida producción cinematográfica, con más de ochenta títulos en apenas veinte años de trabajo.

De todos modos, como la mayoría de sus filmes han sido distribuidos a través del mercado doméstico del DVD o presentados en festivales internacionales, su visibilidad para el gran público es mínima.

En «Big bang love», este cineasta «maldito» confirma su muy bien ganada reputación de artista inquieto y provocador, mediante un discurso cinematográfico que tensa al máximo las cuerdas de lo escabroso y lo removedor.

Esta breve historia de apenas ochenta minutos, que se desarrolla dentro de acotado y claustrofóbico ámbito de una cárcel, narra la relación entre dos convictos imputados de asesinato, que lucharán obsesivamente por adaptarse a ese oprobioso ambiente de privación de libertad, tan homoerótico cuanto inclemente.

Sin embargo, sus historias precedentes han seguido rumbos cardinales radicalmente diferentes. Mientras Jim mató a un cliente en un bar gay en circunstancias bastante extremas, Shiro ha convivido con la violencia desde sus primeros años de vida, en una especie de perversa ecuación existencial.

La propia etiología de los crímenes sugeriría que los reclusos deberían ser confinados en espacios físicos diferentes. Sin embargo, la dinámica de los hechos determinará lo contrario.

A partir de un encuentro en viaje hacia el establecimiento penitenciario, ambos se conocen y entablan un vínculo casi simbiótico.

Mientras el homicida crónico deviene, por su resolución y temperamento, en líder natural de los demás presos, el bisoño delincuente se refugia bajo su protección.

Un extraño asesinato -de cuya autoría es sospechoso el propio director del penal- modificará drásticamente los humores y las coordenadas psicológicas y emocionales de los demás presos.

Más allá de los propósitos creativos de Takashi Miike, el filme pone sobre el tapete el sempiterno debate sobre la situación de las poblaciones carcelarias y la muy a menudo quimérica reeducación, cuando las condiciones no son las adecuadas.

Aunque el relato transcurre presuntamente en una sociedad altamente desarrollada que ha alcanzado un notable estadio de desarrollo tecnológico y humano, aquí la cotidianidad de las personas privadas de su libertad puede ser perfectamente extrapolable a nuestra propia realidad.

Tal es el terrible dilema ético que plantea inicialmente el transgresor cineasta nipón, aunque la intención de este producto de formato artístico no sea tan solo testimonial.

En efecto, Takashi Miike imprime nuevamente a su obra una estética deliberadamente irreverente y desmesurada, que siempre apunta a conmover al espectador.

El realizador trabaja sabiamente la imagen, la cual subordina a la construcción de ambientes opresivos y casi siempre despojados, con mínima iluminación y abundantes silencios.

Esta estética rupturista, que suele concitar admiración y rechazo, responde siempre al explícito propósito de describir el vacío existencial de seres perdedores y un cruento retrato de la degradación humana.

«Big bang love» es, como toda la producción de su creador, un filme realmente inclasificable, cuyo proyecto argumental y visual impacta y lacera la sensibilidad del espectador.

Big bang love. Japón 2006. Dirección Takashi Miike. Guión Masa Nakamura, basado en la novela «Shonen A ereji», de Ato Masaki. Producción Takeshi Watanabe y Shiro Sasaki. Fotografía Masahito Kaneko. Montaje Yusushi Shimamura. Reparto Ryuhei Matsuda, Masanobu Ando, Ryo Ishibashi, Renji Ishibashi y Kenichi Endo.

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