La danza que vino del frío
La primera coreografía, Apoplexy mostró el estilo del grupo: movimientos bien coordinados, figuras que requieren enorme fuerza, desenfado, toques de humor y una música compuesta a posteriori, que sigue cada movimiento como en los dibujos animados.
Siguió Femme noir, un solo de Rebecca Anderson (que en el programa no figura como integrante de la compañía aunque colaboró con esta y la anterior coreografía). Movimientos que parodian la sensualidad ‘chic’ que la publicidad norteamericana quiere asociar con lo francés.
La música de las tres primeras coreografías es de Paul Sullivan y sigue el mismo esquema de acompañamiento. Alguna vez logra efecto humorístico, aquí usa tonadas ‘chic’ (Fantasía Improntu de Chopin, Para Elisa de Beethoven), pero a la larga, resulta harto pobre.
Gnomen fue probablemente lo mejor de la noche, con cuatro hombres logrando una poderosa interacción corporal. Dividida en cuatro partes, separadas por campanadas de ángelus, en cada una se turna el protagonismo. Un desvalido, quizá herido de guerra, es auxiliado por los otros tres, que a su vez lo controlan y manipulan en cuanto quiere andar solo, es el esquema repetido con distintos movimientos. ‘No podemos vivir sin los demás, pero su auxilio nos condiciona demasiado’, parece decir una y otra vez, con renovada inventiva, fuerza y expresión.
Day Two, una coreografía de 1980 de Moses Pendleton, uno de los fundadores de Pilobolus, es la única que no usa música ad hoc, sino de Brian Eno, David Byrne y The Talking Heads.
Aquí, como en Apoplexy, hubo movimientos vistosos, quizá más imaginativos, a los que se sumó una intención de efecto con semidesnudeces y una algo torpe aparición por debajo de la alfombra.
Pilobolus no es ‘new dance’, no busca la espontaneidad y, sobre todo, en el armado general sus coreografías sigue esquemas del ballet clásico, con alternancia de ‘pas de deux’ y coros, con salidas y entradas muy previsibles. Algunos de sus bailarines, con típica postura de hombros levantados, son lo contrario de la danza (destacan, por contraste, los movimientos de una bailarina morocha y un bailarín de pelo rizado que el programa no nos permite identificar).
Pero no es menos cierto que lo que busca lo hace bien. Los movimiento son exactos, las figuras originales y la fuerza inaudita y sobre todo, logran una inmediata comunicación.
Lo mejor de la noche fue el saludo: los bailarines se deslizaban por agua atravesando el escenario haciendo bromas al público.
A los espectadores que llenaron dos veces la sala, queda recomendarles que acudan a los espectáculos nacionales de danza contemporánea.
Algunos pueden ser menos comunicativos y alguna vez no queda claro si se muestra la compañía o sus alumnos; pero los buenos, son de mejor arte que esto.
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