Artes Visuales

Mario D’Angelo domina el panorama nacional

Mañana miércoles Wifredo Díaz Valdez inaugura Año dos mil, una mirada al pasado presente en el Museo de Arte Contemporáneo. Personalidad de amplio reconocimiento nacional e internacional, el escultor Díaz Valdez da una vuelta de tuerca a su producción en esta serie iniciada en 1996 y que, tomando como soporte el palote de amasar, de acuerdo a su particular técnica de construir/deconstruir, compone tres grupos escultóricos referidos al cristianismo y a algunos mandamientos («amarás al prójimo como a ti mismo», «no matarás») haciendo una lectura actual de cosas de ayer y de hoy.

El sábado, a las 12.30, en el Molino de Pérez, quedará habilitada la muestra colectiva integrada por Rodrigo Fló, Fermín Hontou, Marcelo Mendizábal y Analía Sandleris. Son cuatro artistas uruguayos de formación y orientación estética diferentes, que presentarán un catálogo en CD Rom.

Mujeres pintadas en el Cerro

En el Centro Cultural Florencio Sánchez del Cerro, un espacio no siempre bien aprovechado y de calidad en el calendario de las artes visuales, prosigue la exposición de Brenda Frizzera (montevideana del 58, profesora de dibujo por el IPA, con estudios en el Círculo de Bellas Artes al lado de Amalia Nieto y Héctor Sgarbi, luego en el Taller Ana Salcovsky).

Es la segunda muestra individual que realiza (la anterior en el Notariado, 1993) y se nota la orientación marcada por Salcovsky, que en una breve nota del catálogo destaca «los progresos técnicos» y «temas referidos al encorsetamiento social de la mujer y/o al camuflaje que le permite moverse sin ser vista o juzgada en su naturaleza, por la sociedad». Aunque el intento parece demasiado ambicioso, y no llega a consumarlo en totalidad, hay por lo menos una idea como punto de partida que admite una lectura clara, algo raro entre los practicantes nacionales de la pintura.

Es cierto que esas formas fragmentarias que remiten a cuerpos femeninos, no siempre están respaldadas por un dibujo firme y que la incursión por el cinetismo en blanco y negro es de índole decorativa, pero cuando somete la composición a una suerte de tríptico de hermosos verdes, rojos y amarillos establece una atractiva visión, elaborada desde dentro, en una complejidad sutil de líneas y colores.

En otros casos, la abundancia de elementos que siembra en la superficie de los cuerpos, con su toque surrealizante, no dejan de tener interés, en especial teniendo en cuenta que una selección más ajustada y en vista al futuro le permitirá madurar las ideas que aquí se manifiestan sin demasiada intrepidez, quizá no suficientemente trabajadas, plásticamente, por ahora.

Continúa la Documenta en Berlín

Falta todavía un año para la inauguración oficial de la Documenta de Kassel, Alemania, señalada para el 8 junio de 2002. Pero el nuevo director, el nigeriano Okwui Enwezor le dio un toque muy personal y original. Los aspectos téoricos de la Documenta se iniciaron en Viena y Nueva Delhi en una serie de debates sobre «democracia inacabada» y los «sistemas jurídicos de transición», que se continuarán en el Caribe y Lagos, en los próximos meses. Otro adelanto a ese magno acontecimiento, sin duda el más importante del arte contemporáneo, la más visitada de las aproximadamente cuarenta y ocho bienales que se hacen en el mundo, por el tiempo (cuatro años) y los recursos con que cuenta para su realización, es la inauguración en Berlín de El siglo corto, donde se juntan las principales obras de 57 artistas africanos con un extenso material de archivo.

Durante tres años Enwezor y un equipo de investigadores se propusieron construir la memoria popular del continente africano. El paréntesis cronológico de la muestra se abre en 1945 cuando la V Conferencia Panafricana postula en Manchester la independencia del continente y se cierra 49 años después con Nelson Mandela elegido presidente de Sudáfrica.

Durante ese período tuvo lugar la descolonización (política, ideológica, cultural) y la exposición indaga sobre la propia historia africana y la relación de los rasgos distintivos de su identidad en el constante cruzamiento con la modernidad europea. El proceso, inconcluso, reúne material gráfico, grabaciones musicales, fotografías y planos de espacios urbanos.

También el arte está presente: el pintor abstracto sudafricano Ernest Mancoba (formó parte del grupo CoBrA en París), del naïf del Zaire llsamado Tshishumba con cien cuadros sobre la historia de su país y la escultora sudafricana Jane Alexander. El director Enwezor destaca que es una muestra histórica y no artística y que tampoco se pueden extraer conclusiones sobre la futura Documenta.

Lo único que se propone es cambiar el marco discursivo del arte contemporáneo. La exposición, ya en parte exhibida en Munich, seguirá a Estados Unidos (Chicago, Nueva York) aunque es incierto que lo haga en Africa (ironías y paradojas poscoloniales), donde nacieron todos los elementos que la integran, por falta de recursos financieros.

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