Alegrías de la Creole Jazz Band
Los aficionados al jazz saben que en la República Argentina se cultiva buen jazz de varios estilos. Aquellos que son efectos a la vieja época pudieron gozar de las varias presentaciones que en Uruguay hicieron «jazz bands» como la Guardia Vieja, la Antigua, la Porteña, la Caoba, la Delta y algunas otras.
Pero la Creole Jazz Band nunca visitó nuestro país. Para escucharla personalmente se debe asistir al célebre Café Tortoni de la Avenida de Mayo 829, Buenos Aires, donde la banda brinda su espectáculo todos los viernes a las 23.00 horas. El valor de la entrada es de diez dólares.
Hace 18 años consecutivos que la Creole se presenta en el Tortoni y, a juzgar por lo que vio y escuchó este cronista, el entusiasmo de sus músicos y del público que llenó las instalaciones permite suponer que «queda cuerda para rato».
El show (que dura dos horas) incluye las habituales diversiones del caso: los toques de humor en las presentaciones de cada tema, las conversaciones con el público, el tarareo de alguna tonada popular y la supuesta «pelea» entre los músicos con el consiguiente abandono del escenario, están pensados para contribuir a que la gente pase una velada amena y agradable.
Por fortuna los músicos se ponen serios cuando de tocar se trata. Es entonces que la banda despliega todo su cariño por el jazz tradicional que nos legaron, a través de los discos, los grandes jazzistas de los años 20.
Con un repertorio que incluye siempre vivas como «Struttin with some barbecue», «Jazz me blues», «Muskrat ramble», «After you’ve gone», «Big butter and egg man», «Royal Garden blues», Sweet Georgia Brown», «All of me», «Nobody’s sweetheart» y el infaltable «When the saints go marching in», la Creole revive el espíritu y la emoción con que aquellos legendarios pioneros construyeron la música que se convirtió en la más importante veta del arte afroamericano.
Y la Creole no copia. Lo que se escucha no es Kid Ory, ni King Oliver, ni Louis Armstrong. Los músicos argentinos tocan «a la manera de» sus maestros, pero con sus personales concepciones rítmicas, armónicas y melódicas.
Sobre el poderoso ritmo provisto por Alberto García (banjo), Flavio Circo (contrabajo) y Oscar Linero (que golpea una batería original del año 1928), se apoyan gozosamente las enjundiosas improvisaciones simultáneas de Roberto Vitale (trompeta), Eduardo Manentti (trombón), César Borsario (clarinete) y Orlando Merli (saxo tenor), que crean esa maravillosa polifonía que hace casi un siglo empezó a enloquecer a los habitantes de la añeja Nueva Orleans.
Tanto el desempeño de ensamble como el de los solistas fue talentoso, pero esta noche este cronista no pudo disfrutar, porque estuvieron ausentes, de las dos mujeres del grupo: la pianista Silvina Kwiatek y la cantante Eleonora Eubel. La banda en pleno se escucha en su último CD, grabado en 1999 y titulado Creole Jazz Band: Sabor Creole (sello EPSA 16050), que contiene 19 títulos, entre ellos «Vientos y cuerda» y «Chica peligrosa», dos de las varias composiciones con las que director y arreglador César Borsano aportó su creatividad al toque personal del conjunto.
Este y otros discos anteriores (Creole Touch, Jazzeando en el Tortoni, Cantando los blues y Al mejor estilo del Jazz Tradicional) pueden ser solicitados a los correos electrónicos: [email protected]. o [email protected].
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