Grabador mexicano
Hoy inaugura una exposición de grabados del mexicano Ernesto Ceceña Ivich en el Museo del Gaucho y la Moneda del BROU (18 de Julio 998 esquina Julio Herrera).
Nacido en el norteño estado de Sonora, Ceceña trabaja como pintor en el DF, donde integra la filial mexicana de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos. En esa función fue que conoció a artistas uruguayos, visitó el país en varias oportunidades –con alguna estadía larga durante la que pintó bastante–.
Sin embargo, es la primera vez que expone aquí. Escogió 47 grabados en linoleo, xilografías e «intaglio» (relieve) sobre papel guarro y papel amate (el papel de los mexicanos prehispánicos) blanco y coloreado, realizadas entre 1997 y 2000.
Pero Ceceña tiene otras líneas de trabajo como escultor, en puntura sobre cerámica y sobre todo como pintor. Pudimos ver fotos de una serie de pintura erótica casi monocromática y con suaves degradés y de otra serie con apariencia de frescos mitológicos, pero de colores cargados. «Respeto a algunos que durante tantos años pueden hacer lo mismo, dijo en una visita a nuestra redacción: «Yo no soy hiperactivo. Yo me dediqué a esto porque quería vivir para el arte y del arte. Por eso no pienso en la palabra trabajo con sentido peyorativo, porque amo lo que hago. No digo, ‘qué mal, voy a trabajar’, sino ‘voy a levantarme temprano para pintar’, es muy padre, muy bonito». «A partir de eso, hago exactamente lo que siento. Yo viajo mucho y cada vez traigo una cantidad de cosas en la cabeza. Me faltarían diez vidas para expresar todo», explica. «Recién estuve en España. Lo que ví allí, lo que olí, la gente que conocí, las pláticas, las tertulias sobre todo. Estuve en una en el café Guijón con poetas y pintores; ¿a qué hora lo expreso? ¿Y lo que estoy viviendo en Uruguay?» «En el viaje puedo hacer bocetos y dibujos, pero cuando llego, lo que tengo que hacer es descolgar los teléfonos y ponerme a esperar eso que viví. Esas cosas, ahí están, no se olvidan.
En esta muestra tengo cuatro grabados que se llaman Recuerdo de mi infancia. Son bastante abstractos, pero ahí estuvieron hasta salir».
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