Un uruguayo en Cannes
Bolivia fue presentada en la Semana de la Crítica Internacional, sección paralela del Festival de Cannes, que el año pasado reveló a Amores Perros del mexicano Alejandro González Iñárritu.
Segundo largometraje del uruguayo radicado en Argetina, Adrián Caetano (después de Pizza, birra y faso, que dirigió junto con Bruno Stagnaro), Bolivia describe la historia de Freddy, boliviano emigrado a Buenos Aires que trabaja en negro en un pequeño restaurante de barrio, su vida solitaria lejos de su familia, que quedó en Bolivia, y la relación que establece con él su compañera de trabajo, una emigrante paraguaya mesera en el restaurante, con el patrón y con los clientes asiduos del lugar.
«En realidad cuando escribí el guión lo que me interesaba era la historia, el tema del racismo no estaba muy presente. Pero inevitablemente al hablar de esos personajes y ambientarlos en ese estrato social hay una serie de temas que aparecen solos y se imponen», declaró el director a la AFP.
Caetano optó por trabajar con un elenco en el que unos actores son prefesionales y otros no. «Al elegirlos, opté por las personas que correspondían a los personajes», explicó el director uruguayo.
Bolivia es la segunda película argentina presentada en el Festival este año, después de La Libertad, de Lisandro Alonso. Ambas pueden ser una demostración más de la existencia de un nuevo cine argentino de lenguaje sobrio y estética depurada, que ha empezado ya a tener reconocimiento internacional.
Una prueba más de dicho reconocimiento es la buena acogida dada en Cannes a estas dos obras, o los éxitos anteriores de películas como Mundo grúa de Pablo Trapero, cuyo reciente estreno en Francia fue saludado unánimemente por la crítica, o La ciénaga, de Lucrecia Martel, premiada en el último Festival de Berlín.
Caetano trabaja ya en el proyecto de una nueva película, que tendrá por título Un oso rojo y empezará a rodarse a mediados de agosto próximo.
El vieillard terrible
A sus 70 años, Jean-Luc Godard dejó de ser el cineasta revolucionario de su juventud para convertirse en un mago de las relaciones mediáticas que consigue mantenerse en el candelero a despecho de la oscuridad enigmática de sus películas.
Su último esfuerzo es Elogio del amor, presentado ayer en concurso en la séptima jornada del 54º Festival de Cannes en una sola proyección para la prensa en la ínfima sala reservada a los periodistas (escenario de una batalla campal para conseguir una butaca) y una sola pública con la presencia del director en la gran Sala Lumière, llena pero no repleta.
Según la crítica reunida en Cannes, se trata de un filme típico del Godard de los últimos veinte años: frases sonoras y hasta bellas, sacadas a veces de los libros y todas tendientes al universal categórico, fragmentos de música, puntuación de planos en negro, etc.
En la conferencia de prensa, Godard dijo que si bien detesta el cine norteamericano, le gustan las tramas bien contadas, «algo que nunca supe hacer».
Penn nace otra vez
El volátil actor y director de Hollywood Sean Penn se vengó el martes en Cannes, cuando su filme más reciente, La promesa, recibió aplausos rotundos cuatro meses después de que fuera un fracaso de taquilla en Estados Unidos.
La promesa, el tercer filme de Penn como director, transcurre en Nevada y es protagonizado por Jack Nicholson, quien hace el papel de un detective de homicidios. Aclamada por la crítica, la película fracasó en la taquilla.
Nicholson interpreta el papel del detective solitario Jerry Black, que obtiene su retiro el mismo día en que es encontrado en las montañas nevadas el cuerpo mutilado de una niña de ocho años. Black toma el caso y promete a los padres de la víctima encontrar al asesino. El filme está basado en una novela del escritor y dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt.
Penn, a quien Woody Allen llamó en una ocasión «el más grande actor de Estados Unidos», dijo que prefiere dirigir, pero que seguirá actuando para «pagar las cuentas».
Ken el rojo ataca de nuevo
El director británico Ken Loach criticó duramente a sus compatriotas cineastas, diciendo que han vendido el alma a Hollywood.
«El clima general en Gran Bretaña es hacer películas que se puedan ver al otro lado del Atlántico y creo que eso es desastroso», dijo Loach a la radio BBC desde la ciudad balneario de la Riviera francesa.
Los comentarios de Loach coincidieron con la anómala ausencia de las películas británicas en la competición por el máximo galardón del festival de Cannes, la Palma de Oro.
«Creo que es hora de que los cineastas británicos dejen de estar tan colonizados por las ideas norteamericanas y dejen de mirar con tanta admiración a Estados Unidos», expresó el director, que se encontraba en Cannes para asistir a una proyección especial de su película Kes, de 1969.
Irónicamente, su aportación a Cannes del pasado año, Pan y rosas, fue rodada en la ciudad de Los Angeles.
En base a información de AFP, ANSA y Reuters.
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