Por qué el cocodrilo no se come a la gallina*
–¡Oh hermano! ¡No hagas tal!
El cocodrilo se sorprendió y se turbó tanto de ese grito, que se retiró, creyendo que podían muy bien ser hermanos. Volvió otro día a la orilla, resuelto a comerse la gallina, que gritó de nuevo:
–¡Oh hermano! ¡No hagas tal!
–¡Maldita gallina! –gruñe el cocodrilo, que la dejó marchar otra vez–. ¿Cómo hemos de ser hermanos? Ella vive en tierra y yo en el agua.
Entonces el cocodrilo se decidió a ver a Nzambé para interrogarlo y resolver la cuestión. Se pone en camino. No se había alejado mucho cuando se encontró con su amigo el lagarto.
–Mbambi –le dice– estoy muy preocupado. Todos los días, una hermosa gallina, muy gorda, llega al borde del río para comer. Todos los días, cuando quiero apoderarme de ella y llevarla a mi escondrijo para comérmela, me asusta llamándome hermano. No puedo continuar así más tiempo, y voy en busca de Nzambé para que hablemos.
–Tonto, idiota –dice Mbambi–, no hagas eso, saldrías perdiendo y descubrirías tu ignorancia. ¿No sabes que los patos viven en el agua, y ponen huevos? La gallina los pone y tú también, mi estúpido amigo. En ese sentido, todos nosotros somos hermanos.
Por esa razón, el cocodrilo no se come a la gallina.
*Este breve cuento es parte de la Antología Negra, compilada por el poeta francés Blaise Cendrars. Pertenece a la tribu tjort.
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