Delitos de amores crueles
Las singularidades de la condición humana que escriben cotidianamente historias de individuos y colectivos sociales, suelen alimentar abundantemente la ficción literaria y aun otros espacios considerados privativos de la imaginación en la creación artística. La realidad es, en efecto, una inagotable fuente de peripecias y anécdotas pero también una auténtica Caja de Pandora, de donde emergen incesantemente personajes convencionales y aun criaturas excéntricas de rasgos a menudo irracionales.
En «Delitos de amores crueles: las mujeres uruguayas frente a la justicia (1865-1911)», el escritor y periodista Carlos María Domínguez exhuma un conjunto de casos rescatados de los archivos judiciales, que desnudan la recurrente dicotomía entre la comedia y la tragedia.
Asumiendo un minucioso trabajo de investigación entre miles de amarillentos folios de expedientes sepultados por el olvido y el silencio, el autor rompe deliberadamente las aparentemente inmutables coordenadas del tiempo y el espacio.
En el prólogo de este libro de relatos con impronta testimonial, Domínguez explica que las catorce historias incluidas en este volumen «son apenas una muestra sin pretensión de rigor conclusivo».
Más allá del prolijo trabajo documental, ya de por sí plausible, es claro que esta obra excede claramente el mero propósito de narrar historias reales. A través de los relatos, el lector se asoma a muchos conflictos privados acaecidos en un Uruguay diferente al contemporáneo, gobernado por pautas sociales y culturales rígidas y acotadas.
Todas las historias tienen como protagonistas a mujeres, cuyos nombres, por un motivo u otro, quedaron registrados en actas y legajos judiciales. Nutriéndose del contenido de los añosos documentos escamoteados al olvido y la indiferencia, el narrador va construyendo pacientemente un tan complejo como sorprendente calidoscopio humano.
Domínguez alterna la transcripción de textos con su correspondiente entrecomillado, con la narración literaria. Mediante esa técnica, recrea historias a menudo insólitas pero ciertamente verosímiles.
La pluma del autor arroja un soplo de vida sobre jueces, actuarios, comisarios, hombres prepotentes, mujeres de vida licenciosa, culpables, inocentes, víctimas y victimarios.
Las féminas que «desentierra» Carlos María Domínguez pueden ser, según cada caso, acusadas o acusadoras. No obstante, el denominador común es siempre su singularidad.
El universo que propone el autor es tan vasto como variado. Una mujer acusada de un intento de robo que admite la verdad mientras sus cómplices mienten, una madre que sepulta en secreto a su bebé muerto, un conflicto por celos que deviene en hecho de sangre, una joven raptada y seducida, una patrona que tortura a su personal doméstico, una madre manipuladora que protege la virtud de su hija y una niña sexualmente precoz, son apenas algunos fragmentos que emergen de otros tantos micromundos humanos.
La mayoría de las historias aquí registradas están ambientadas en el Interior y muchas de ellas en el medio rural, en escenarios representativos de una cultura a menudo claustrofóbica, dominada por dobles morales, mentiras y prejuicios.
El escritor se sumerge en la intimidad de sus personajes, desnudando bajos instintos, irrefrenables pasiones y costumbres espartanas, que hoy, pese a los sedimentos de una moral victoriana aún subyacente, provocan conmoción y estupor.
De las páginas de este libro emerge la más amplia gama de sentimientos humanos que normalmente asociamos a lo cotidiano: el amor, el odio, la envidia, la mentira, el autoritarismo y hasta la segregación racial.
Algunas historias revelan que, en muchos casos, las víctimas se transforman en blanco del escarnio público. Ello desnuda una realidad tan sorprendente como removedora: que la condena social a menudo era más dura que la propia sanción judicial.
El autor imprime a sus relatos abundantes trazos de humor e ironía, para corroborar que aún en el núcleo de la tragedia hay una abundante dosis de comedia.
Con un ajustado dominio de las pautas literarias y las técnicas del relato, Carlos María Domínguez impregna a sus historias de un trazo costumbrista.
La obra tiene un sesgo nostálgico por un Uruguay que en muchos aspectos ya no existe, pero también parece proponer un implícito cuestionamiento a costumbres y hábitos arraigados en una sociedad de exasperantes desigualdades.
Domínguez combina una variada batería de recursos creativos: la transcripción documental, la crónica periodística y la narración de sesgo puramente literario. La obra tiene la virtud de no detenerse en la mera descripción psicológica de las protagonistas de turno. El autor privilegia igualmente a los agonistas: jueces, actuarios, investigadores y policías, entre otros.
«Delitos de amores crueles» es un libro singular, que captura pasiones y temperamentos, recreando, más allá de las anécdotas particulares, un pasado que atesora el imaginario colectivo.
(Editorial Aguilar)
El maestro José María Obaldía, docente, lexicógrafo y presidente de la Academia Nacional de Letras, propone un conjunto de cuentos que revelan su singular capacidad para narrar y capturar una vasta multiplicidad de realidades y cuadros de intensa y conmovedora humanidad.
En estos relatos –con humor y fidelidad con su origen oral– el autor registra cinco historias que escuchó desde su infancia, reiteradas y enriquecidas, sobre los temas más dispares: el descubrimiento de América según Felipe González, la muerte de Martín Aquino, la vieja fábula del herrero y el diablo, el lobizón y la mítica y discutida versión de la fundación de la ciudad de Treinta y Tres.
Los textos tienen una intransferible impronta costumbrista, rescatada de su propia experiencia de aprendizaje cotidiano en ranchos, boliches y suburbios de su Treinta y Tres natal.
Obaldía se inspira en la realidad que observó y aún observa y, naturalmente, en los mensajes orales de los personajes característicos de esos lares.
(Ediciones de la Banda Oriental)
Sobre el porvenir de nuestras escuelas
Basándose, como un augur, en las vísceras del pasado para anticipar el futuro, estas conferencias escritas por el controvertido filósofo Federico Nietzsche en 1872, contienen algunas de las afirmaciones más radicales contra el sistema de la cultura moderna jamás enunciadas.
Este trabajo, que fue concebido por el pensador cuando apenas tenía veintisiete años y era aún profesor en Basilea, propone reflexionar en torno al nexo entre la educación escolástica y el uso que la sociedad hace del trabajo intelectual para sus propios fines e intereses.
Asimismo, la obra revela el supuesto propósito de explotación que subyace en el deseo de difundir la cultura.
Nietzsche centra sus críticas en el historicismo, considerando que es el «maligno encanto» que paraliza los esfuerzos e impulsos del saber cultural por aproximarse a «la ambigüedad de la existencia».
La obra, que nos permite una aproximación a las posturas de uno de los pensadores más polémicos de todos los tiempos, resulta igualmente una valiosa herramienta para ejercitar el espíritu reflexivo.
(Tus Quets Editores)
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