La gloria, la vida, el honor y los payasos
Una nueva salida de Don Quijote que nos recuerda una vez más el poema de Darío «…soportas elogios, memorias, discursos/resistes certámenes, tarjetas, concursos». Esta vez lo que debe soportar Don Quijote no es más de lo que puede resistir, porque no tiene límites, pero es harto fastidioso. Con un ingenio que haría palidecer de envidia a los inventores locales de las dos Delmiras y las tres Juanas de Asbaje, el autor Hugo Possolo (Brasil) presenta tres Quijotes y tres Sanchos, nadie sabrá para qué, y encarna a los tres Quijotes en hombres jóvenes, que parecen esforzarse en que nada en ellos recuerde al héroe de Cervantes. No dudamos que el adaptador ha leído el original; pero lo ha leído a contrapelo, para no entenderlo, para privarlo de toda poesía, para ofuscar al espectador. Los tres Quijotes, que se distinguen muy mal unos de otros, hablan aquí con energía y se mueven con fuerza, pero carecen de autoridad y de coraje. Farsa quijotesca reproduce varias de las aventuras de la primera parte del libro en forma que más parece una parodia sin gracia (a las veces de mal gusto), o un frustrado teatro para niños, el todo tan pobre de inventiva como para solazarse en anacrónismos en base a bicicletas (en vez de caballos) y ventiladores (en vez de molinos de viento) y armazones de alambre por caballos.
Recordando esta y otras diversiones imaginarias, nos afirmamos en nuestra ya acendrada convicción de que la sola palabra «farsa» es devastadora para las tablas. Imaginamos que si Darío hubiera frecuentado el teatro de hoy quizás habría podido agregar a su Letanía de Nuestro Señor Don Quijote estas líneas:
De tantas miradas de clown, de las farsas,
de gatunos cantos de tristes comparsas,
de los multimedia
de nuevos titanes de la dramaturgia,
de aquesta epidemia de extrañas liturgias
¡Líbranos Señor!
Farsa quijotesca, por el Pia Fraus Teatro, de Hugo Possolo a partir del Don Quijote de la Mancha de Cervantes. Con Beto Andretta, Beto Lima, Domingos Montagner, Alberto Medina, Bárbara Paz, Fernando Sampaio y Marcelo Castro. Escenografía de Hugo Possolo y Pia Fraus Teatro, vestuario de Sonia Ushiyama, luces de Wagner Freire.
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