Les Luthiers cumplen hoy 43 años
El nuevo espectáculo se titula «Lutherapia». La impresionante demanda de entradas que se verificó desde mayo, obligó a fijar nueve funciones en el Solís, del 7 al 16 de setiembre, estableciendo un récord de permanencia en Montevideo.
La opereta medieval, la galopa psicosomática, el vals geriátrico, la balada mugida y relinchada, la marcha prenupcial, el «handball blues», el orratorio, la cumbia epistemológica, el tarareo conceptual y el exorcismo sinfónico-coral (el mero listado de este menú ya estimula el deseo por la mesa bien servida) son los números que despertarán las risas y los aplausos que premian tanto regocijo.
El hilo conductor es la desopilante sesión terapéutica que genera la aparición de dichos números. Tanto la conversación entre el terapeuta y su paciente, como el magistral despliegue musical, vuelven a demostrar la inagotable genialidad de estos cinco argentinos, su creatividad para mantener un inteligente nivel profesional y su respeto hacia el público con un hilarante show que jamás cae en la chabacanería o los chistes groseros.
Todo comenzó el 4 de setiembre de 1967 en Buenos Aires, cuando algunos integrantes de I Musicisti nacido unos años antes en las festividades de los coros universitarios- se separaron del grupo y decidieron trabajar en forma más competitiva. Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna fundaron ese día Les Luthiers, al que se incorporarían más tarde Carlos Núñez Cortés, Carlos López Puccio y Ernesto Acher.
La utilización de instrumentos informales, las parodias de géneros musicales, la chispa irónica de los libretos, el creciente perfeccionamiento de las presentaciones escénicas y las historias del compositor Johann Sebastian Mastropiero, convirtieron a Les Luthiers en un referente internacional del humor musical. Discos, videos, múltiples premios, miles de funciones y millones de espectadores, explican el rotundo éxito de esta singular trayectoria.
Masana falleció en 1973 y Acher se retiró en 1986. Los restantes cinco son los que siguen hasta hoy. Mundstock (1942) es el presentador de los números, el que lee con voz engolada los graciosos textos de su carpeta roja. Adora el fútbol y ha sido locutor profesional, redactor publicitario y estudiante de ingeniería. Rabinovich (1943) es escribano, guitarrista, violinista, percusionista y sopla el bass pipe a vara. Ha publicado libros de cuentos y en el escenario es un actor humorístico de primera línea. Maronna (1948) ejecuta varios instrumentos de cuerda. Ha acompañado a cantantes, integró conjuntos de música antigua, colaboró en espectáculos teatrales y televisivos, es escritor y compositor. También es el encargado de poner a punto la afinación de los instrumentos antes de cada función.
Núñez Cortés (1942) es pianista, compositor, arreglador y ejecutante del tubófono silicónico cromático, entre otros menesteres. Estudió química, es un apasionado de la malacología y es el encargado de manejar los archivos de Les Luthiers. Su espíritu lúdico le llevó a publicar el libro «Los juegos de Mastropiero».
López Puccio (1946) es director de orquesta y de coros, tecladista y ejecutante de instrumentos de cuerda. Ha escrito la música y los textos de varias de las obras de Les Luthiers. «En una época éramos colectivistas», declaró en una entrevista, recordando que en los comienzos se reunían para crear las obras. «Pero eso lo dejamos hace ya muchos años. En la actualidad, cada uno trae y desarrolla, en la medida que puede, las ideas que prefiere. Incluso, a veces, yo hago cosas como texto y música y llevo todo armado. En otros casos, alguien puede escribir una idea y otro ponerle música».
«Todos creemos que Les Luthiers es un invento que suma las mejores posibilidades de cada uno y que, sin los demás, ninguno habría podido crearlo», asegura el músico de la blanca y abundante cabellera. «Justamente porque cada Luthier tiene su óptica acerca de la perfección del grupo, esas ópticas, en vez de chocar, se complementan. Más allá de las diferencias, me parece que todos admiramos la ‘perfección’ del otro, esa zona en la que el otro es considerablemente mejor que uno».
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