Desde hoy al martes próximo en cine Pocitos, los filmes de Kim Ki-duk
Después de haber estudiado arte en París (no cine, como sostiene una difundida leyenda, de hecho fue poco más que un artista callejero que vendía sus cuadros en las plazas para sobrevivir), Kim Ki-duk volvió a Corea y empezó su carrera como guionista y director en una película de bajo presupuesto, «El cocodrilo» (1996).
Desde el principio, ni la crítica ni el público se han quedado indiferentes ante sus personajes retraídos, sus sorprendentes imágenes y sus mensajes sin precedentes. Los personajes de sus películas suelen proceder de los estratos más bajos de la sociedad y no son bienvenidos en ninguna parte.
En esas circunstancias tan extremas, Kim Ki-duk logra sacar a la superficie la inocencia de lo más profundo del corazón de sus personajes a través de una lucha grotesca y maliciosa, frente a un entorno hostil y descrito a menudo de manera muy crítica.
Pretender aislarse de ese mundo exterior tampoco funciona: los personajes de «Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera» o «El arco» pretenden construirse sus propias utopías, pero el ‘afuera’ termina invadiéndolos.
En 2000 rodó dos películas: la muy experimental «Ficción real», filmada en apenas doscientos minutos y montada en tiempo real, acerca de un artista callejero, su ex novia, y otros personajes que atraviesan la plaza en la que éste ofrece sus obras durante la hora larga que dura el filme, y la película que le representaría el salto a la fama crítica internacional «La isla» (Seom), sobre la relación entre un fugitivo de la ley y la propietaria de un centro de pesca, en la que los inquilinos habitan tiendas flotantes en el lago. «La isla» se hizo notoria entre otras cosas por la crudeza de algunas de sus escenas, que llevaron al desmayo de un crítico en su premiere en el Festival Internacional de Cine de Venecia, lo que se reiteró en otras ocasiones.
La presencia de una prostituta, una figura recurrente en la filmografía de Kim, atrajo la ira del público coreano, y la violencia de algunas de las escenas provocó reacciones de desagrado, pero la obra estableció firmemente a su autor como una presencia significativa, y se proyectó en una docena de festivales en todo el mundo.
«Destinatario no identificado» abrió el festival de Venecia al año siguiente, y «Mal chico» (2001), una nueva incursión en el mundo de la prostitución forzada y la violencia como vínculo amoroso fue su primer éxito de taquilla.
Prácticamente desde el primer momento, sus películas fueron seleccionadas por diversos festivales internacionales de cine, lo que le ha dado la posibilidad de llegar a un público más amplio, y se ha consolidado en los últimos años con diversos reconocimientos y premios: «Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera» fue presentada a los Oscar en representación de Corea; «Chica samaritana» obtuvo el Oso de Plata a Mejor Director en el quincuagésimo cuarto Festival de Berlín, y en la sexagésima primera edición del Festival de Venecia fue galardonado con el León de Plata a Mejor Director por «Hierro 3″.
Sin embargo, su cine continúa generando rechazos en una franja de la sociedad coreana que tal vez se siente incómodamente representada en él.
El presente ciclo se suma al reciente estreno en Montevideo de «Aliento», su penúltimo filme.
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