El documental del mes. Un filme de Peter Greenaway sobre "La ronda de la noche"

Se estrena hoy "Yo acuso a Rembrandt"

El cineasta galés Peter Greenaway, quizá el más escéptico acerca de las fronteras restrictivas del séptimo arte, presentó ayer en Buenos Aires el documental «Rembrandt’s j’accuse», basado en un magistral e irónico análisis de una obra del pintor flamenco que, 400 años más tarde, devela la conspiración para cometer un asesinato.

La película, que se estrenará hoy en Montevideo y Buenos Aires, será exhibida en el marco del ciclo Documental del Mes, proyecto generado por la compañía española Parallel 40, que apunta a establecer un diálogo entre las producciones documentales de Europa y América Latina. En esta nueva «aventura» cinematográfica, el director de «El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante» (1989) encara una investigación personal sobre la pintura «Ronda de noche», finalizada por Rembrandt en 1642, y echa luz sobre cómo esa gran obra fue un punto de inflexión en la vida del artista: después de su exhibición sufrió el escarnio y terminó en bancarrota.

Greenaway realiza una verdadera deconstrucción de los 33 personajes -y un perro- que componen la obra y analiza cada uno de los elementos ocultos que, a su entender, sugirió Rembrandt para descubrir a los asesinos entre las personas representadas en la pintura. «Creo no existe algo que se pueda llamar ‘historia’, sino historiadores; toda la verdad histórica es subjetiva. Nuestra actitud hacia la historia es muy subjetiva y está relacionada con nuestras impresiones y nuestro bagaje», dijo el realizador en entrevista con un grupo reducido de medios, entre los que se encontraba María Zacco, de la agencia Ansa para despejar las dudas sobre la fidelidad a la realidad de su relato. El cineasta -cuenta Zacco- explicó que leyó «una gran cantidad de libros» sobre el artista flamenco y que apenas «tres ideas» plasmadas en el filme son «enteramente» suyas.

«No hice trampa: la pintura es la pintura. Todo tiene que ver con observaciones subjetivas», agregó. No es difícil imaginar al director galés elaborando la idea de este documental: desde la ventana de su casa, en el centro de Amsterdan, se ve el Rikjs Museum, donde se alojan las mejores pinturas de Rembrandt, incluida «La ronda de noche».

Más allá del análisis, el docudrama es una especie de «juicio» a pantalla dividida, con organización metódica, relatos, puestas en escenas típicas del teatro y hasta radiografías de la pintura, pasa sustentar sus tesis.

Greenaway es un gran innovador, ya que sus obras están influenciadas por los grandes maestros de la pintura europea y a la vez, tienen una visión contemporánea gracias al uso de nuevas tecnologías. De más está decir que un particular dominio del color, es la marca personal del director galés: la combinación de tonos, la iluminación, el registro de cuerpos desnudos y el movimiento de sus personajes hacen que sus filmes parezcan cuadros descolgados de un museo. La pintura es vital en la vida del cineasta, quien con 12 años decidió que sería pintor y en los ’60 ingresó al Walthamstow College of Art, donde compartió cursos con los entonces futuros músicos Ian Dury y Mick Jagger: «como yo -dijo-, terminaron dedicándose a otra cosa». Aunque Greenaway no fue muy lejos. De hecho, su pasión por la simetría y la anatomía son heredadas de la pintura pero hacen, también, que sus películas estén más cerca del trabajo de un taxonomista, al estilo de los grandes artistas renacentistas, como quedó plasmado en «El contrato de un dibujante» (1982) o «Escrito en el cuerpo» (1991).

«Creo que estoy demasiado interesado por la historia y la política de los siglos XX y XXI, las actitudes hacia el feminismo y la pornografía, por eso nunca volvería al Renacimiento», afirmó. Admitió, sin embargo, que «una de las características de ese período fueron los ‘multimedios': si bien la palabra es moderna, muchos de los mejores artistas fueron multimediáticos, como Miguel Angel, que era pintor, poeta, escultor y ¡también hacía pasteles de boda!». Greenaway, cuyos filmes tienen un gran impacto visual y sensorial, dijo en muchas oportunidades que el cine «está muerto» porque se basa en «textos ilustrados, lo cual no es suficiente».

Quizá por ese motivo desistió de llevar al cine textos del escritor argentino Jorge Luis Borges, a quien admira con fanatismo.

«Se hicieron muchos intentos de llevar la obra de Borges al cine y todos fueron fallidos. Porque hay algo que tiene que ver con su extraordinario uso de las palabras, incluso en las traducciones -porque yo no hablo español-, que hace que sus ficciones sean muy particulares». El cineasta considera, sin embargo, que Borges tuvo un impacto en él como guionista, si bien es muy difícil ver la impronta del escritor en sus películas.

«Hay una forma en la metodología de Borges, en su organización de los datos, que seguro tuvieron un impacto en mí. Lo sorprendente de él es que es muy económico…ojalá (Leon) Tolstoi le hubiera dado ‘Guerra y Paz’, que tiene 5.000 páginas: Borges la hubiese escrito en seis y habría sido una novela aún mejor», concluyó.

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