Arte

Obras insólitas de artistas uruguayos

Algunas casas de subasta de arte siguen sorprendiendo. Esta vez es Castells, de la calle Galicia 1069. Reunió un conjunto de obras sobresalientes que se rematarán el miércoles. Una buena mayoría son piezas de museos, indispensables para completar la insuficiente representación de ciertos períodos de ciertos pintores. Cuadros y esculturas que alguna vez fueron exhibidos, luego olvidados. Pocos especialistas los conocen.

Por curiosa coincidencia, el período denominado purista, fundado en los años veinte en París por la dupla Jeanneret y Ozenfant, luego integrado al Art déco, influyente movimiento en la sensibilidad de los participantes del planismo, la escuela uruguaya por antonomasia, reaparece con fuerza, un cuarto de siglo más tarde, en dos personalidades de peso:

Vicente Martín (1911-98) y José Pedro Costigliolo (1902-85).Ambos, por diferentes caminos, coinciden en el mismo espacio temporal, elaborando formas semifigurativas o semiabstractas, en planos lisos y homogéneos, en composiciones estáticas dominadas por la firmeza dibujística o el choque neto de planos. En Martín, que provenía de la figuración y de un vago relacionamiento con Torres García, fue el comienzo de su trayectoria hacia la abstracción absorbiendo a través de Hans Plastchek (1923-2000), su amigo, pintor judío alemán refugiado en Montevideo por algunos años, quien le hizo conocer a Paul Klee, que a su vez él había asimilado.

Dos témperas y un óleo de Martín, fechados entre 1949 y 1950, provenientes de la colección Testoni, el fotógrafo amigo de los artistas, son tres pequeñas joyitas, en buen estado de conservación, que deberían ingresar al Museo Nacional de Artes Visuales. Como Abstracción, dos óleos con el mismo título, sobre fibra, registrados en 1946 y 1948, de Costigliolo, ya orientado irremisiblemente hacia la geometría. Cinco obras históricas, para colgar en la principal pinacoteca.

Otro período a destacar en Castells es el informalismo. Lino Dinetto (1927), el italiano que fue uno de los disparadores de la tendencia en Uruguay, está bien representado, ( Omaggio, 1961) pero son cuatro óleos y una asombrosa escultura de Agustín Alamán (1921-95) de vigorosa expresión, que sobresalen del conjunto, también provenientes de la colección Testoni.

En la misma tendencia se sitúan los trabajos de Raúl Pavlotzky (1918-98), Leopoldo Nòvoa (1919), José Cuneo Perinetti (1887-1977), el espléndido Búho, 1963, de Amalia Nieto (1907-2003), Hilda López (1922-96), Germán Cabrera (1903-90), Nelson Ramos (1932-2006), José Gamarra (1934) y Jorge Páez (1922-94). Raras veces se puede juntar tanta calidad del arte uruguayo.

De otros períodos hay seductores trabajos de Vicente Martín, María Freire, Costigliolo, Rodríguez Musmanno, Gastón Olalde, Rómulo Aguerre, Julio Verdié, Lincoln Presno, Clarel Neme, Antonio Llorens y Manuel Aguiar.

Especial atención a Friedrich Vordemberge Gildewart (1899­1962), el pintor alemán, maestro de los concretos, con un collage de sugerente ascetismo, también de la colección Testoni. Y un Washington Barcala (1920-93), serigrafía de una serie de 10, excelente. Antes que el golpe del martillo rematador las disperse, es muy recomendable darse una vuelta por Castells y disfrutar del arte nacional casi ignorado.

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