Cuando la esperanza fermenta el alba de la segunda independencia
En «Mi América en primavera», el joven escritor cubano Marcel Cabrera Pérez, de sólo 15 años de edad, construye un ensayo lúcido, militante y de singular vuelo poético, que exalta la lucha de un continente por su renovado sueño emancipador.
El autor, que es hijo de un uruguayo y una cubana, es un prodigio de madurez ideológica e intelectual, que logró interpretar cabalmente la prolongada épica de los pueblos latinoamericanos por la construcción de su segunda y definitiva independencia.
La obra que está dedicada a nuestro entrañable Mario Benedetti y al presidente de Bolivia, Evo Morales- es el fruto de un complejo y prolongado trabajo de investigación, que insumió tres años y requirió la consulta de múltiples documentos y fuentes de información.
Mediante un lenguaje impregnado de sensible poesía e idealismo, el joven Marcel divide a su libro en tres partes, que sugieren una planta en crecimiento: la raíz, el tallo y la flor.
Esta metáfora está asociada a la historia de nuestra América, cuyo periplo se inicia antes de las invasiones bárbaras procedentes de las añejas monarquías europeas, transita el traumático ciclo del saqueo y el pillaje de la colonización, conquista su primera independencia, redobla su lucha de resistencia contra los apetitos expansionistas del imperialismo y, en el presente, fermenta un nuevo proyecto refundacional, tanto político como social y económico.
Al ingresar en los territorios de la raíz, el joven escritor ensaya una reveladora reconstrucción de la América precolombina, que introduce al lector en el conocimiento de las culturas autóctonas que poblaron otrora esta región.
El texto restituye la memoria de la génesis del hombre americano, que, en sus diversas manifestaciones, fundó modélicas sociedades exentas de egoísmos y con un fuerte sentido de pertenencia.
Su respeto por el hábitat, que le suministraba todo lo necesario para su sustento, le permitió vivir en armonía con la naturaleza, a diferencia de la depredadora cultura de acumulación contemporánea.
Aportando abundante información, Marcel Cabrera transita inicialmente el ciclo que define como «invierno colonial», signado por la violenta irrupción de los conquistadores europeos.
Aunque el discurso oficial lo disfrace con los mentirosos ropajes del mentado intercambio de culturas, este fue un tiempo de sangre, dolor y padecimientos, de genocidios y abominables crímenes de lesa humanidad.
El autor describe minuciosamente esta ominosa aventura de apropiación territorial y literal arrasamiento de civilizaciones enteras, cruelmente aniquiladas a cañonazos por los implacables mercenarios de los poderes hegemónicos de turno.
En ese contexto, exalta naturalmente la heroica resistencia de referentes líderes de las comunidades indígenas, que enfrentaron a las hordas hispanas y lusitanas que se repartieron el botín de guerra y asolaron la comarca americana.
Obviamente, estos desgarradores episodios constituyen los primeros antecedentes de inmoral saqueo del continente más rico del planeta, los cuales anticiparon ulteriores operaciones de expansión imperialista durante la no menos tumultuosa era contemporánea.
Al aludir al épico proceso descolonizador que no estuvo exento de contramarchas, contratiempos y traiciones- el escritor hace aflorar las primera flores en el paisaje americano.
Aunque no soslaya referencias a ninguno de los paladines de la libertad que blandieron sus espadas para expulsar a los depredadores extranjeros, Marcel Cabrera encarna el espíritu emancipador en Simón Bolívar, héroe referente por antonomasia.
De algún modo, el venerable caudillo caraqueño, junto a José de San Martín y nuestro José Artigas, simbolizan el más acendrado ideario americanista y el aún inconcluso sueño de la patria grande.
El tallo del árbol que siembra Marcel Cabrera alude inicialmente al «otoño del Águila», la más temible ave de rapiña de la naturaleza, que posee una fina visión panorámica, suele volar a gran altura y construir su nido en cumbres virtualmente inaccesibles.
La metáfora del joven escritor es sumamente atinada, en tanto el águila ha representado históricamente al poder y es identificada con los imperialismos de antes y de ahora.
El joven escritor identifica a este predador con el imperialismo norteamericano que, desde hace más de un siglo, se ha transformado en una avasallante potencia económica y militar.
En ese contexto, el autor describe el largo proceso de expansión de los Estados Unidos, desde su inicial anexión de parte del territorio mexicano, hasta la virtual apropiación de toda la región centroamericana.
El ensayista elabora una larga historia de compras de territorios, sangrientas invasiones, conspiraciones, intrigas políticas e inmorales golpes de Estado, que permitieron a la Casa Blanca poner a buen recaudo su «patio trasero».
Por su parte, «el invierno del Águila» reconstruye la fase superior de la aventura imperialista en la región, caracterizada por el apoyo a salvajes dictaduras latinoamericanas, durante la guerra fría.
Si bien muchos de estos episodios son conocidos, Marcel Cabrera le imprime el sello de su sensibilidad a la odisea padecida por pueblos económicamente explotados y sometidos por el terrorismo de Estado, situación de la cual no estuvo exento nuestro Uruguay.
Este tramo del proceso de crecimiento del tallo del árbol americano, incluye explícitas referencias a dos colosos de la lucha por la liberación y la construcción del socialismo: Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara. Naturalmente, el autor demuestra por ambos una admiración rayana en la veneración.
El capítulo incluye también dos historias reales conmovedoras: la de Amaral y la de El Negro, que simbolizan la lucha por la vida y la dignidad en un paisaje latinoamericano ideológicamente polarizado, de confrontación y pasionales sueños libertarios.
Mientras Amaral era un niño cuyos padres fueron asesinados despiadadamente por la dictadura genocida que asoló a nuestro Uruguay, José Eduardo Rosado Galarza (El Negro), fue un paradigmático obrero compatriota que ofrendó su vida por la superior causa de la justicia social y la dignidad.
El nacimiento de la flor de esta pletórica planta abonada por la esperanza, promueve una profunda reflexión en torno la instalación de varios gobiernos progresistas en la región y la inauguración de diversos mecanismos de cooperación, que comportan una nueva fase de relacionamiento entre hermanos.
Obviamente, el capítulo abunda en plausibles valoraciones ideológicas acerca de estos procesos, que, más allá de contratiempos, parecen despuntar un nuevo horizonte de transformaciones en beneficio de las mayorías.
El joven autor no ignora los riesgos y las acechanzas que impone la globalización de cuño neoliberal liderada por el poder hegemónico, así como los graves efectos colaterales de la crisis terminal del modelo de acumulación capitalista.
En ese contexto, se solidariza particularmente con los emigrantes, que, en muchos, en los países receptores suelen ser tratados como ciudadanos de segunda categoría o meros engranajes del aparato productivo.
«América en primavera» es una obra de intrínseca densidad conceptual, que revela la sorprendente madurez intelectual de un joven militante formado en la cuna de la revolución cubana.
El trabajo posee una acendrada elaboración literaria, que abunda en metáforas y giros poéticos, los cuales enriquecen un mensaje sin dudas esperanzador para las nuevas generaciones.
(Letraeñe Ediciones)
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