Festival de teatro popular de Porto Alegre
El festival que contó además con el apoyo de la Secretaría Municipal de Cultura y el patrocinio de la Caixa Económica Federal presentó el 8 de julio «Nelson mítico», una síntesis de varias obras de Nelson Rodrigues, y «Para dentro do laberinto» (9 de julio) que hace lo mismo con Jorge de Andrade.
Ambas son ensayos, aunque parecen obras concluidas y a punto, obra del Grupo Experimental de Teatro que actúa bajo la cuidadosa dirección de Mauricio Gudinski.
El contenido enérgico, un tanto de Satanás en la comisaría, de las piezas de Rodrigues equilibró las luminosas piezas de Jorge de Andrade donde la dulzura de la expresión realzaba la angustiosa denuncia de los crímenes que se cometen contra los hombres que buscan la emancipación.
«Ritual del personaje Woyzeck» (8 de julio), sobre la obra de Büchner, por el Taller de Formación de Actores de la Tribo de Atuadores Oi Nois Aquí Traveiz, es una pieza en sí misma, con la perfección escenográfica, la pulcra actuación y hasta las audacias de «Oi Nois…,»; sin embargo, el título, que no es aún «Woyzeck», nos advierte y el curso del espectáculo nos confirma una sensación de un impromptu feliz, de un buen conjunto de escenas cuyo destino mortal, luego de la compleja creación colectiva que enseña el grupo, puede sumirse en el océano de la obra terminada.
«Inflexiveis ligaçoes» (8 de julio) por el Grupo Bacantes, del barrio parque dos Maias, tiene mucho de buena gimnasia, y la destreza física de los actores parece imposible de superar, lo que genera una distancia entre actores y público que se contradice con toda participación activa de los espectadores, que «Bacantes» trata de obtener, entre otros medios, con el conocido avance sobre el público de los actores. La obra da por supuesto que ya se realizó el propósito de Brecht, de la transformación previa del público, pero fuimos, como era inevitable, sólo consumidores de un producto cultural.
En «Mercado do gozo» (9 de julio) por el Taller de Teatro Popular del barrio Humaitá bajo la dirección de la Tribo de Atuadores, una obra de Sergio Carvalho y la Companhia do Latao de Sao Paulo, la acción sucede en 1917. El heredero de la textil Burgó no atina a dirigir la fábrica, ni lo desea y elige la vida del sexo fácil, las drogas; siguen las prostitutas con sus managers, los pistoleros; el capitalismo muestra sus entrañas de hedonismo, de consumo infantil del lujo. Un vaudeville de denuncia, que hace girar y girar ante nuestros ojos lo que no queremos ver: el costo en sangre humana de las infinitas tonterías del ocio.
«La decisión» (9 de julio) es una de las piezas didácticas de Bertolt Brecht y una de las más difíciles de tragar. La transición al socialismo no será sin lágrimas; el joven camarada que cometió un error, debe morir y aún aceptar como justa su ejecución. Minuto a minuto el espectador, impulsado por los cambios en la actuación, donde los actores hacen por turno todos los personajes, debate consigo mismo y se debate: la intranquilidad pasa del escenario a la platea. La pieza, una de las más poderosas del festival, es una realización del grupo Trilho conforme al proyecto «Teatro como instrumento de Discusión Social», de la Tribo.
No se pronuncia una sola palabra en «Shi Zen, sete cuias» del grupo Lume (10 de julio) con la dirección de Tadashi Endo y Carlos Simioni, pero pocas piezas tuvieron tanta convicción. «Lume» sintetiza con inverosímil facilidad el arte del clown con la música clásica, la popular brasilera, la milonga «La puñalada», el arte de los jardines japoneses, los ruidos de la naturaleza y muchas otras cosas. Convence de que otro mundo es posible, porque lo muestra a nuestros ojos. Uno de los espectáculos inolvidables.
«El dorado» (11 de julio) con dramaturgia de Santiago Serrano, es una creación y actuación de Eduardo Okamoto, a quien se debieron también las piezas que no pudimos ver por coincidencia de horarios «Agora e en la hora de nossa hora», actuada y dirigida por el mismo Okamoto, sobre el asesinato de ocho niños de la calle y «Uma estória abensonhada» del mozambiqueño Mia Couto, también interpretada por Okamoto.
La investigación, que realizó el actor en el estado de Sao Paulo sobre la «rabeca», un instrumento musical popular semejante al violín, se articula con cierta dificultad con la busca de «El dorado» por un ciego que al final vuelve adonde partió, al sertao.
Compartí tu opinión con toda la comunidad