Retrato. El filme es un agudo ensayo sobre las disfuncionalidades afectivas de las familias burguesas

"Una semana solos": la ilusoria libertad de la clase privilegiada

Este modelo -egoísta y excluyente- es la génesis de las aberrantes asimetrías que atraviesan el paisaje de la sociedad contemporánea y las graves disfuncionalidades que devienen en agudos cuadros de exclusión social, económica y cultural.

El cine latinoamericano ha reflexionado sobre estos temas desde variados ángulos de observación, que habitualmente privilegian el ejercicio crítico.

En «Una semana solos», la directora argentina Celina Murga hurga en la intimidad de la sociedad burguesa de su país, con un acento que enfatiza en el análisis de las conductas humanas.

Como en otros países periféricos, también en la Argentina la clase dominante está ajena a los problemas y desvelos que afectan a la gran mayoría del colectivo. Desde su cima social, suele observar el paisaje de la realidad como una suerte de sujeto pasivo.

El protagonismo de este estamento privilegiado está naturalmente ligado a los avatares y reglas del mercado, cuyos resortes suele controlar y manipular a su antojo.

En ese contexto, el filme enfatiza en los conflictos y rupturas de las familias burguesas, que, con frecuencia, están asociadas a actitudes prescindentes y hasta a prácticas de abandonismo.

No en vano los protagonistas del relato son adolescentes y niños pertenecientes a esta clase social, que viven «aprisionados» en un country dotado de confortables fincas, parques, escuela, salón de fiestas y piletas. Aunque nada material les falta y tengan abundancia hasta de lo que no necesitan, sí carecen de lo más importante: el amor y la atención de los adultos.

La realizadora plantea radicalmente el tema de las distancias afectivas intergeneracionales, en un ejercicio reflexivo que apunta a permear los hábitos y costumbres de este micro-mundo disociado del universo macrocefálico de la sociedad del vecino país.

Los protagonistas de esta experiencia existencial son María, Sofía, Fernando, Quique, Facundo, Tomás, Rodrigo y Timmy, quienes viven a la deriva en el territorio delimitado por ese lujoso espacio residencial.

Al estar de viaje, los padres de estos menores de edad delegan sus insoslayables responsabilidades en empleados rentados, quienes cuidan con celo a los hijos de sus empleadores.

Durante una semana, los niños experimentan una suerte de orfandad y un autoconfinamiento que los limita, pero nos lo agobia ni les resta esa suerte de libertad condicional que usufructúan.

La distante relación entre padres e hijos está formulada únicamente por breves llamadas telefónicas casi de compromiso, que apenas encubren la despreocupación y hasta la negligencia de los adultos.

Celina Murga trabaja con una cámara testigo, que sigue y observa permanentemente los movimientos de los personajes, registrando sus actitudes y reacciones.

En este caso, queda claro que estos niños y adolescentes no son ciertamente tan inocentes como aparentan, porque han sido educados para dar órdenes, para ser servidos, para discriminar y para maltratar y estigmatizar a quien no pertenece a su círculo social.

El arribo de un extraño pone en evidencia los temores y dilemas de los protagonistas, que se aferran a la seguridad que proporcionan una mucama y el personal de vigilancia.

Este es un agudo retrato de una sociedad que se ajusta en su convivencia cotidiana a sus propios códigos de exclusivismo, pero también afronta las inevitables tensiones del temor a lo diferente.

En ese contexto, «Una semana solos» es la crónica de un encierro consentido, que transcurre en el interior de una suerte de burbuja habitada por personas que no padecen las mismas incertidumbres del común de la sociedad.

La obra reflexiona sobre la deshumanización y las disfuncionalidades afectivas de una clase que se aferra obsesivamente a sus privilegios, sus preconceptos y sus cuestionables paradigmas éticos.

Una semana solos. Argentina 2008. Dirección y guión: Celina Murga. Producción: Juan Villegas. Fotografía: Marcelo Lavintman. Montaje: Eliane Katz. Música: Inés Gamarci, Marcelo Pérez, Martín Salas. Cine. Elenco: Magdalena Capobianco, Eleonora Capobianco, Ignacio Jiménez, Gastón Luparo.

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