LA HISTORIA MAQUILLADA

En el quinto tomo de «Orientales», el docente y periodista Lincoln Maiztegui Casas aborda el período comprendido entre 1985 y 2005, pautado por la restauración democrática, las tensiones provocadas por las denuncias de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y la resistencia popular a la aplicación de recetas ortodoxas en materia económica.

Esta nueva entrega, que integra una obra de largo aliento, reviste un mayor interés para el lector, porque se centra en acontecimientos fuertemente impresos en la memoria colectiva.

El escritor reanaliza los dos gobiernos presididos por Julio María Sanguinetti, la administración encabezada por Luis Alberto Lacalle y el quinquenio bajo la responsabilidad de Jorge Batlle, que dejó a su sucesor, Tabaré Vázquez, un país devastado por la desocupación, la pobreza y el abrumador peso de la deuda externa.

Aunque la recopilación de hechos y situaciones es precisa y atinada y el formato literario confirma la habitual solvencia escritural del autor, los abordajes pecan de un sesgado subjetivismo.

Hay, en efecto, una justificación a la derecha política en el tratamiento del tema de los derechos humanos, cuando se analiza la primera presidencia de Sanguinetti. En cambio, es permanente la demonización de la izquierda.

Por ejemplo, se califica como una suerte de acto patriótico el voto de la mayoría del Partido Nacional a la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, afirmándose, con razón, que dicha colectividad no participó en el Pacto del Club Naval.

Sin embargo, el autor olvida la responsabilidad de los blancos en el origen del desastre, cuando, en 1972, allanaron el camino a los golpistas al apoyar la represiva Ley de Seguridad del Estado.

Tampoco es compartible que la norma que consagró la impunidad de los delitos de lesa humanidad haya sido sancionada para evitar un desacato militar, que de hecho se consumó, cuando el general Hugo Medina desafió a la Justicia, al «archivar» las citaciones a los represores.

Más allá de reservas, de algún modo el escritor se alinea con la tesis del «cambio en paz» promovida por Sanguinetti que, en realidad, es un eufemismo que maquilló la impunidad institucionalizada.

En lo relativo a la gestión de Luis Alberto Lacalle, el autor no advierte o no quiere advertir, que significó un giro a la derecha acorde a los dictados del denominado Consenso de Washington.

Mientras el ajuste fiscal fue un mazazo a los asalariados, el proyecto «modernizador» promovido por ese gobierno fue un intento ­felizmente fallido­ de vender la soberanía nacional al mejor postor, al estilo de las ruinosas aventuras privatizadoras de Carlos Saúl Menem que hundieron a la Argentina en el caos.

Tampoco resulta digerible su mirada sobre los dolorosos sucesos del Hospital Filtro que, de algún modo, justifica el abusivo ejercicio de la autoridad por parte del gobierno de la época.

Respecto a los presuntos casos de corrupción contra la administración nacionalista que fueron denunciados durante la segunda presidencia de Sanguinetti, el autor niega todo como si se tratara de meros desvaríos o de una intriga palaciega destinada a destruir a Lacalle.

Huelga comentar que sus juicios respecto al ruinoso gobierno de Jorge Batlle son epidérmicos, en tanto atribuye el fracaso de su proyecto de país a acontecimientos exógenos y no a los dislates de una conducción errática, paupérrima e impopular.

«Orientales 5″ es una obra extensa y documentada, pero exenta de la necesaria objetividad en el análisis de gobiernos que fueron castigados por su propio electorado y juzgados por la historia.

(Editorial Planeta)

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