Detrás del juego también fluyó la cultura
Es la cultura fluyendo, permeada en su raíz por el mestizaje. La de España con su herencia moruna y el acervo de este costado del mundo, al que los colonizadores hispanos entraron a espada y fuego, dispuestos a arrasarlo todo, y terminaron influidos por una raza de hombres y mujeres que batallaron sin tregua en un Nuevo Mundo deslumbrante.
La América de mestizaje profundo, enriquecida por la sangre africana como en Uruguay donde la murga vibra con su percusión trepidante y el candombe impregna su fuego al Carnaval.
Así ve Prensa Latina a una América de idiosincrasia y cultura enriquecidas a la par por constantes migraciones venidas de casi todas las latitudes. España y el Nuevo Mundo inscritos en una misma franja de vasos comunicantes. Iberoamérica triunfando en el Mundial de Sudáfrica, un continente del que es deudor en más de un sentido.
La Copa de Fútbol, y sus resultados finales, son a la postre el reflejo de una cultura alimentada por un sístole y diástole común.
España latiendo con una impronta latinoamericana de la que no puede desprenderse y América Latina con su huella española, sostenida por un idioma común.
Una y otra retroalimentándose en un proceso continuo. Una historia, la de acá, de lucha y resistencia en defensa de sus raíces, de libertad e independencia.
La originalidad de una raza transmutada en conquistas del conocimiento como las aztecas y mayas.
Como una corriente viva fluyó la cultura.
Los más apasionados sintieron, por momentos, el mismo efecto perturbador que provoca una obra literaria de alto vuelo, una de esas películas en que la historia contada se parece tanto a la vida que llega a ser más real que la vida diaria, y por eso conmueve con idéntica fuerza y no nos abandona.
Como no nos abandonará el recuerdo de este Mundial Sudafricano, que fue casi como una partitura de Mozart.
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