Arte, los espacios públicos como una experiencia política
El proyecto de investigación pone el acento en los usos y ocupaciones temporales del espacio público para actividades comerciales, lúdicas y sexuales de varias ciudades del mundo que crean verdaderas «ciudades ocasionales».
La exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 26 de agosto en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, presenta ochenta casos de ciudades tan diferentes como Buenos Aires, Montevideo, Hanoi, Santiago de Chile, Bolonia , Tel Aviv o Barcelona.
«La idea surgió en 2005 cuando articulamos un proyecto a partir de la investigación sobre la ocupación temporal de espacios en Barcelona. Pero cuando estuvo listo nos planteamos la posibilidad de que sea más abarcativo y entramos en contacto con equipos de trabajo de hasta veinte ciudades del mundo para contar con equipos de soporte locales», dijo Martí Perán, director general de la experiencia, en entrevista con Ansa.
El proyecto incluye a unas ochenta ciudades, entre ellas, Sao Paulo, Montevieo, Santiago de Chile y Buenos Aires.
«Los mecanismos de ocupación del espacio público en América Latina son de lo más variopinto y están relacionados con necesidades habitacionales, económicas e, incluso, las de articular modos de resolver el impulso lúdico», explicó Perán, a la hora de buscar puntos de encuentro entre las tres ciudades latinoamericanas.
En Europa, sostuvo el curador barcelonés, la ocupación del espacio público está penada y es ilegal. Por lo tanto, cuando se realiza es un acto de resistencia. En los países de América Latina, si existiesen prohibiciones de ese tipo, «las formas de vida se resentirían completamente», agregó.
Según el equipo de curadores que colabora con el español, este tipo de prácticas urbanas «aparecen, se desplazan y desaparecen, como si se tratara de un post-it (papel adhesivo usado como señalador), que señala lugares, puntualmente importantes, y que casi no deja rastro alguno».
Así, un polígono industrial se convierte en un circuito «ilegal» los fines de semana; los edificios en construcción son utilizados para la aventura de los «nerds explorers», una variante del fenómeno «okupa»; determinados «terrains vagues» (terrenos baldíos) son escenario de encuentros ocasionales un campamento nómade, una fiesta rave y una diurna ciudad universitaria se convierte durante la noche en zona de transacción sexual.
Se trata, en definitiva, de fenómenos que ponen en evidencia las diferentes necesidades y carencias que afectan sobre todo a determinados grupos y que rescatan el valor de uso del espacio público. La exposición intenta explorar ese fenómeno en sus múltiples variantes, para documentarlo y reflexionar sobre él.
Desde una perspectiva filosófica, el proyecto de Perán se pregunta sobre la importancia para el ciudadano común de la conquista del espacio público.
El tema, que desveló a filósofos y semiólogos, es motivo de controversia también en América Latina, donde la tradición de la ocupación de espacio público para la manifestación política y social está siendo atacada fuertemente por las élites dominantes, que reclaman a los gobiernos políticas represivas.
Es un tema fundamentalmente político: el diseño de las grandes urbes modernas a partir de fines del siglo XIX apuntó a veces de modo sutil y otras no tanto a retirar a los ciudadanos de las calles.
Los llamados «conglomerados industriales» europeos surgidos hacia fines del siglo XVIII; las ciudades cerradas diseñadas por socialistas utópicos durante los primeros años del siglo XX y especialmente, la «ciudad autopista» de Le Corbusier, eliminaron la calle como espacio público, como ámbito de la diversión, del arte, del encuentro y aún del conflicto.
«Esta es una de las cuestiones centrales del proyecto artístico. Frente a la suposición de que el espacio público es el sitio del consenso, donde se apacigua la vida social, nosotros planteamos una lectura inversa: es el lugar donde uno tiene derecho a disentir», sostuvo Perán.
Es en la calle donde surgen las diferencias y en «la gestión de esos choques está la auténtica experiencia política», subrayó.
Más de dos siglos después de aquellas experiencias de planificación urbana agobiante, propicias, según el filósofo francés Michel Focault, para «moldear cuerpos dóciles», Post-it City alumbra una serie de cuestiones de gran interés en la cultura contemporánea: la necesidad de crear espacios disponibles y aceptar la emergencia de nuevas subjetividades que contribuyan a fortalecer los lazos comunitarios, a partir de la comunicación y el reconocimiento de los otros.
«La idea es colocar en contraste la noción clásica de ciudad como espacio regulado, en el que el urbanismo comanda los procesos de gobierno de la vida ciudadana y la idea de ciudad como práctica social», dijo Perán.
«La ciudad planificada es la tradición. La practicada es nuestra respuesta», concluyó.
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