
Los uruguayos Fidel Sclavo y Pepe Montes se hospedarán en GalerÃa del Paseo y en el Centro Cultural MEC, desde el viernes y el jueves, respectivamente.
Para no desmentir una vieja tradición arraigada en desfasajes y prejuicios culturales, el videoarte o video de creación (dos denominaciones insatisfactorias) y la gráfica digital en el Uruguay comenzaron mucho tiempo después de su aparición. En la década del ochenta el primero y en forma irregular, y hace pocos años el segundo, consiguieron acceder a espacios públicos, aunque restringidos, como comienzan todas las cosas.
Sin apoyos oficiales ni de particulares, sin centros de enseñanza para la práctica y la investigación de los nuevos medios tecnológicos (otro rasgo tÃpico nacional) el puñado de creadores que han incursionado por los nuevos lenguajes han debido luchar contra una muralla de empinado escepticismo y la escasa aceptación de los primeros ensayos y propuestas.
La exhibición esporádica en institutos culturales (en particular de Alemania, España y Francia, el Museo Nacional de Artes Visuales, los más receptivos), en ciclos monográficos nacionales o incorporados a muestras internacionales, la participación en festivales de fama mundial (la más reciente en Belfort, 2000) y Espacio Uruguay, dentro del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay organizado por Cinemateca Uruguaya (2001), supone el reconocimiento a la labor silenciosa de los videastas locales y la posibilidad de entrar en contacto con un sector más amplio que eventualmente pueda ser sensibilizado hacia estas manifestaciones expresivas. Que se diferencian de los documentales, ficciones, clips y programas televisivos que tienen objetivos propios y corren por cuerda separada.
Los videastas uruguayos deben partir de cero. Sin antecedentes ni maestros, con escasas posibilidades de asistir regular y periódicamente a los encuentros del exterior, están obligados a la contaminación de otras disciplinas, ya que, en general, tienen una formación dentro de las artes visuales y pocos emergieron desde el empleo de la técnica especÃfica.
Ese cruzamiento de posibilidades, entre improvisaciones y descubrimientos técnicos, es lo que le otorga a los trabajos presentados una cierta frescura por momentos recorrida por la inocencia, los hallazgos en el relacionamiento con la música o la puesta en práctica de ideas innovadoras, sin excluir el humor, la sátira a los medios de comunicación, la crÃtica de la crÃtica y la autocrÃtica, la elusiva búsqueda de una identidad ciudadana. Son sÃntomas auspiciosos merecedores de un incondicional apoyo de las autoridades responsables para fundar, de una vez por todas, un centro permanente de investigación, producción y difusión del video de creación nacional como, en cierta medida, ya lo tiene la gráfica digital de más fácil manejo y con practicantes más numerosos.
Los crÃticos tienen la palabra de Osvaldo Cibils, parte de una idea en principio poco movilizadora y hasta inocente que se adquiere, inesperadamente, en el montaje, un interés psicosocial. Cibils, que hasta ahora se habÃa singularizado por sus pequeños y refinados objetos artesanales llevados hasta instalaciones parietales, recurre al video para registrar la opinión de nueve crÃticos de arte uruguayos (faltan algunos, por motivos aleatorios, quizá para poder estimar con objetividad la filmación) para que una sola, imposible palabra, sintetice el panorama del arte nacional en los últimos quince años.
La cámara de Enrique Aguerre enfoca implacables primeros planos de rostros a confesión abierta y el resultado, más que las respuestas (la mayorÃa enhebra palabras-conceptos reñidos con la praxis), el silencio o las fingidas sorpresas, revelan la personalidad y el gusto de cada crÃtico(a) en la manera de vestir, el peinado, la mÃmica facial, hasta recorrer un variado espectro oscilante entre los extremos de elegancia y vulgaridad, algo que se da por añadidura.
La repetición de las imágenes permite retener y penetrar en cada detalle, el tono de voz, verificar la llaneza o el artificio de lo enunciado, las convicciones y conocimientos. Revelador, sin duda. Se nota la filmación salteada, hecha en diversos perÃodos, en los cambios de iluminación.
The E! true Hollywood story de MartÃn Sastre inventa una delirante historia autobiográfica, parodia de las conocidas (aburridas y previsibles por supercodificadas y estandarizadas) seriales de la televisión americana sobre estrellas famosas con rarezas. Recurre al collage de pelÃculas (incluso de un programa nacional) y de algunos de sus trabajos que casi nadie vio, mechando entrevistas a familiares, amigos y a él mismo (que actúa muy bien, en un desdoblamiento singular al autointerpretarse), en un libreto cáustico e inteligente, atravesado por una espontaneidad cierta, un ritmo trepidante, desiguales participaciones, que quizá se alarga un poco en la segunda parte.
Paisaje I y Paisaje 2 de Fernando Alvarez Cozzi recoge, en cierta medida, la herencia de la vieja escuela documental inglesa, con un sentido más elÃptico y conceptual, enfatizando el carácter objetual y fragmentario de lo que muestra (el rÃo, el puerto, contenedores, barcos, grúas) que atraviesan en sucesivos planos paralelos y en contrapunto, con intercalación digital, una realidad cambiante e inmediata que se desliza con lentitud en la integrada banda musical y de sonido de Carlos Pellegrino. Si el primero, referido a la bahÃa de Montevideo, es más elaborado formalmente, el segundo, sobre Colonia del Sacramento, despojado y austero, se demora en la identificación urbana, sin incurrir en convencionalismos locales.
Como rÃo de Enrique Aguerre apela a los recursos del expresionismo cinematográfico de Henri G. Clouzot en un montaje paralelo con palabras sobrepuestas y ráfagas de animación digital que aluden a variadas interpretaciones de acuerdo a la interrelación imagen-palabra.
Los videos Bello como vello de Patricia Bentancur, Otros hombres de Alejandro Sequeira, Mirage de Eduardo Guevara, Feliz aunque no libre de Paula Delgado, Micaela se fue a ParÃs de Teresa Puppo e Iguales de Pablo Uribe, obedecen a una actitud experimental de prometedora formalización.
El objetivo de este encuentro de arte mediático en Uruguay y Alemania es posibilitar un foro de exhibición de obras en video, net.art y CD-Rom (Brian Mackern, Alcides MartÃnez Portillo, Ariel Seoane), acompañadas de impresos de gráfica digital (Eduardo Fornasari). Entre los alemanes están Andrea Zapp, Günther Krüger, Sebastian Lütgert, Bjorn Melhus, Wolfgang Müller, Daniel Pflumm, Cornelia Sollfrank y otros.
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