Roberto Zucco, en el Solís
La deliciosa (y siniestra) «Berceuse» de Saint. John Perse sólo puede disfrutarse plenamente con el previo conocimiento de la ley sálica; Mallarmé escribe un poema sobre el reflejo del sol poniente en la espuma de un vaso de cerveza, pero si Henri Mondor no nos lo explica, aunque admiraríamos las imágenes, encadenadas pulcramente a un tema invisible y tangible, nos faltaría una clave luminosa para el goce pleno de esos versos.
Koltès prodiga más misterios. Confesamos haber visto dos veces «En la soledad de los campos de algodón» sin haberla comprendido; la tercera vez (por Gilberto Gawronski) nos llegó al alma; quizás no podríamos explicarla hoy. Por ejemplo, otra adivinanza de Koltès fue la inclusión, en alemán, del poema de Goethe «Der Erlenkönig» en «Combate de negro contra perros»; hoy creemos saber la solución.
Comencemos por decir qué no es «Roberto Zucco». No es, no puede ser, la historia de un asesino en serie, un hombre sin interés que sólo atina a decir vulgaridades mezcladas con chocanterías como que «Nadie se interesa por nadie… lo que es amor no hay… Hay que cerrar las escuelas y ampliar los cementerios. De todos modos un año, cien años, da igual. Antes o después tenemos que morir, todos…» etcétera. Pero esto lo dice Zucco, no Koltès, que es un poeta; y un poeta que da algunas claves. Comienza «Roberto Zucco» con la primera escena de «Hamlet»: dos guardias que conversan somnolientos en lo alto; y algo hay de Hamlet, con la insensata muerte de Polonio, con su brutalidad hacia Ofelia, en el personaje «Roberto Zucco». Pero, aún, la escena inicial de «Roberto Zucco» es también la escena inicial del «Ulysses» de Joyce (libro que a su vez convoca a «La Odisea»). Allí la conversación de Mulligan, Haines y Dedalus, este último no sólo Telémaco sino también Hamlet, en la torre Martello, es otra alusión que redimensiona y enaltece a «Roberto Zucco». Más adelante la escena con las prostitutas y la «patrona» renuevan el paralelo con el «Ulysses»; y hay varias coincidencias con el no menos enigmático, pero inteligible, poema de T.S. Eliot «The waste land», y, por supuesto, con «Máquina Hamlet» de Heiner Müller. Es lo que se llama, en el mundo de los investigadores, la tartamuda «intertextualidad», o sea hacer algo nuevo con cosas viejas.
No podemos entender que «Roberto Zucco» sea la descripción de una «existencia sin amor», aunque casi coincidiríamos en que el héroe «nos interrogue desde un mundo sin amor». El mundo que postula Koltès, siniestro, deslumbrante, oscuro y áureo es el que nos interroga, nos tortura y nos atraviesa con el solo enigma de su existencia; pero no es un mundo sin amor, sino un mundo que no explica ni por qué existe lo que llamamos el «mal» en estado puro, ni por qué existen el «bien» y «el amor», tan inútiles como el «mal».
El virus del Sida que causó la muerte de Koltès, ni quiso matarlo ni sabía lo que hacía. No creemos, tampoco, que la enfermedad haya llegado al poeta en un «mundo sin amor»; y su larga unión con Patrice Chéreau está para demostrarlo. Aquella herida mortal fue, como todo lo que sucede en el Cosmos (de cuya amistad dudaba, con razón, nuestro Fernando Pereda), una fuerza ciega, tan ciega como la fuerza del rey de los Elfos (o Alisos) de Goethe, que mata al niño sin razón alguna; como la transacción de «En la soledad de los campos de algodón», que a nada conduce; como la angustia de «El ejecutor» (o «La noche antes de los bosques») que nos sacude porque no comprendemos bien su razón. Pero es también una fuerza ciega el amor; y las intensas sugestiones eróticas de «Roberto Zucco», que para nosotros provienen del célebre texto «Anus solaire» («Año solar») de Georges Bataille, componen un cuadro de poesía metafísica sin el cual la anécdota de Roberto Zucco se desploma sobre su propia vulgaridad. Creemos que la frase de Bataille que sigue es el mejor epígrafe posible para el texto de Koltès, y casi podría canjearse por las palabras finales de la pieza: «La cópula de las palabras no es menos irritante que la cópula de los cuerpos. Y cuando grito ‘yo soy el Sol’ resulta una erección integral, porque el verbo ser es el vehículo del frenesí amoroso».
Todo esto falta en la puesta en escena de Goldstein, de forma muy semejante a lo que sucedió con su «Agamenón», sin mitos, sin poesía, sin religión Su «Roberto Zucco» se desliza de un episodio a otro en forma lineal, antidialéctica, sin que se advierta qué efecto de conjunto se está buscando. La obra no llega a un clímax; sólo se extingue. Los personajes van y vienen y su conducta no tiene explicación casi nunca; pero esa secuencia sólo cuenta una historia sórdida, una serie de hechos policiales. Como tal crónica es sumamente tediosa, porque no comprendemos a dónde va la puesta en escena ni, mucho menos, qué nos quiso decir el autor.
Casi no es posible hablar de actuación en una obra que no alcanza los objetivos del dramaturgo. Todos los intérpretes muestran su calidad; a veces, nos ha parecido, con discutibles innovaciones propias. Es posible que lo que sigue sea un gusto personal, pero creemos que quienes están más cerca del espíritu de la pieza de Koltés son Cecilia Sánchez, Lucio Hernández y Levón.
«Eter retornable»
Estreno
próximo
en El Galpón
Los días lunes 12 y martes 13 a la hora 21.00 en el Teatro El Galpón se pondrá en escena la obra «Eter retornable» de Angie Oña bajo la dirección de Gerardo Begérez.
El precio de las localidades será $150. Los socios de la institución galponera abonarán $ 90.
Un matrimonio ácido y despiadado en proceso de separación. «Eter retornable» de acuerdo a lo anunciado por los responsables de la misma, es una «tragicomedia (quizá mucho más comedia que tragedia) de carácter absurda que toma como punto de partida el hastío de una pareja al borde de la separación para referirse a algo mucho más profundo: toda la existencia y la manera de vivir que le damos a nuestra vida. Una tragicomedia sobre el amor, sobre la separación, sobre el intento de disolución de algo complejo.
Un intento por momentos ridículamente desgarrador y absurdo de necesitar a otro para compartirlo todo, la cena, el baño, el sexo, todo.»
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