El fútbol es, sin dudas, bastante más que un deporte.
Es una pasión popular incorporada a la tradición y la idiosincrasia de los pueblos, que imanta y moviliza multitudes.
Una prueba de este aserto es la algarabía que experimentó nuestro Uruguay, tras la histórica clasificación de la selección a la semifinal del Campeonato Mundial de Sudáfrica.
Pese a que los pupilos del maestro Washington Tabárez ya han cumplido con creces, la expectativa se mantiene por lo menos hasta el próximo martes, cuando nuestro representativo se mida con la temible Holanda.
Sin embargo, el fútbol no sólo se alimenta de goles, festejos, trofeos levantados al cielo y amargas frustraciones. Cada competencia tiene sus entretelones, que habitualmente quedan minimizados por las imágenes del triunfo y la derrota.
En «Historias insólitas de los mundiales de fútbol», el periodista argentino Luciano Wernicke elabora un minucioso trabajo de investigación, destinado a rescatar múltiples anécdotas de las competencias ecuménicas.
Su extenso trayecto abarca todos los campeonatos disputados hasta el momento, desde aquel lejano mundial que consagró a la celeste en Montevideo, en 1930, hasta el triunfo de Italia en Alemania 2006.
Algunos de los relatos están relacionados con circunstancias imprevistas sucedidas dentro del campo de juego, las tribunas y las concentraciones de las selecciones participantes.
En otros casos, el autor se interna en los entretelones de hechos sucedidos fuera de los estadios, lo cual coadyuva a comprender el contexto histórico en el cual se desarrolló cada campeonato.
Según el periodista, no es casualidad que hasta que el ojo de la televisión color «en vivo y en directo» registró lo que sucedía en los escenarios deportivos, la mitad de los campeonatos fueron ganados por los países anfitriones y en el resto los dueños de casa llegaron cómodamente a la final.
También revela los aspectos políticos de torneos disputados en países gobernados por dictaduras, así como el insólito periplo de la copa Jules Rimet que precedió a la Copa Fifa- la que se salvó de la invasión de los nazis en Europa, fue robada varias veces y terminó fundida y reciclada en lingotes de oro.
(Editorial Planeta)
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