Entre la integración regional y la dependencia neocolonialista

En «No voy en tren», Roberto Porzecanski analiza las controversias generadas por la propuesta de suscripción de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, durante los gobiernos encabezados por Jorge Batlle y Tabaré Vázquez.

El trabajo es una adaptación de la tesis doctoral elaborada por el autor, titulada «La economía política de la liberalización comercial de América Latina con Estados Unidos: ¿Qué se puede aprender de la experiencia uruguaya».

Porzecancki, que nació en Campo Grande, Brasil, se radicó en 1983 en nuestro Uruguay y actualmente reside en los Estados Unidos, posee una sólida formación en economía y relaciones internacionales.

Esta obra, que mixtura la recopilación con la reflexión, se centra concretamente en el frustrado proyecto de acordar un TLC con los Estados Unidos, durante dos gobiernos uruguayos de signos ideológicos radicalmente diferentes.

El especialista ahonda en las motivaciones de los actores políticos y sociales que condicionaron las decisiones y en lo que califica como flagrantes errores gubernamentales.

Aunque podría inferirse que el autor es favorable a la tesis de acordar un tratado con la potencia hegemónica, igualmente explica las eventuales ventajas y desventajas que podría haber acarreado la concreción del proyecto.

Sin embargo, sorprende que soslaye totalmente las eventuales consecuencias que podría tener la actual crisis global sobre nuestra economía, en caso de haberse avanzado hacia un nuevo relacionamiento con los Estados Unidos.

Con un plausible criterio cronológico, el ensayista evoca diversas facetas del proceso de cooperación e intercambio comercial entre Uruguay, Argentina y Brasil, que anticiparon la perspectiva de un fuerte regionalismo que luego se concretó en la fundación del Mercado Común del Sur.

El trabajo explicita claramente el alto nivel de interdependencia comercial de nuestro país respecto a los mercados de sus vecinos, así como el indudable liderazgo ejercido por Brasil y Argentina en el sur del continente.

En ese contexto, explica los diversos avatares del Mercosur desde su creación hasta el presente, recordando el importante consenso político que generó la integración de Uruguay a este bloque económico regional.

Porzecanski enfatiza las asimetrías y disfuncionalidades que se observan en la operativa del Mercosur, aunque advierte la vital importancia que tiene ese mercado de más de doscientos millones de habitantes para las exportaciones uruguayas.

El autor abre la escenografía de observación centrándose en la iniciativa de Jorge Batlle para concretar un TLC con los Estados Unidos. Como es notorio, el ex mandatario era un entusiasta partidario del tratado, así como de la fracasada ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

Aunque Porzecanski no lo explicite, ese proyecto era una nueva estrategia de penetración imperial de la Casa Blanca, que aspiraba a debilitar la integración regional y a minimizar la influencia de la revolución bolivariana encabezada por Hugo Chávez.

El investigador reelabora la historia reciente del tema, explicando por qué, pese a su posición claramente pro-norteamericana, Jorge Batlle no pudo concretar la firma del tratado.

En efecto, las resistencias no sólo partieron desde filas la izquierda que por entonces estaba en la oposición, sino también desde algunos espacios de poder del bloque político neoliberal conservador y hasta del capital vernáculo.

Queda claro que un TLC con Estados Unidos hubiera favorecido a algunos sectores exportadores y perjudicado a otros, además de poner en serio riesgo el acceso a los importantes mercados regionales.

El autor desarrolla una importante tarea de recopilación, que incluye discursos, declaraciones y versiones de prensa, lo cual arroja renovada luz sobre un tema sin dudas controversial.

Sin embargo, el mayor énfasis está concentrado sobre lo sucedido durante el primer gobierno del Frente Amplio encabezado por Tabaré Vázquez, cuando se suscitaron las más fuertes polémicas domésticas y regionales.

Porzecanski aduce que Tabaré Vázquez impulsó en su mandato un TLC con los Estados Unidos, convencido que la potencia norteamericana estaba dispuesta a aceptar un formato diferente al clásico, que contemplara las aspiraciones de Uruguay.

Según el analista, el gobierno del Frente Amplio sobrestimó la importancia geopolítica que la potencia le otorgaba a nuestro país. Esa convicción fue compartida por el entonces Ministro de Economía, Danilo Astori, y por otros secretarios de Estado, que operaron fuertemente por la firma del resistido tratado.

Porsecanski atribuye singular trascendencia a las fuertes disidencias políticas generadas inicialmente por la ratificación del Tratado de Inversiones con Estados Unidos en el ámbito parlamentario y, particularmente, en el bloque oficialista.

La virtud de este trabajo es demostrar que el mentado TLC no sólo provocó resistencia en el Frente Amplio, sino también en otros sectores de fuerte influencia política y económica.

Aunque el analista no lo expresa con el énfasis requerido, el tratado hubiera afectado seriamente la soberanía de nuestro Uruguay, tanto en lo que concierne a la propiedad intelectual como a las compras del Estado y los proyectos de desarrollo.

Ni que hablar que la propia clase empresarial tenía un doble discurso sobre el tema, ya que pretendía ingresar con ventajas arancelarias al mercado norteamericano pero no perder su importante espacio en la región, que estaría severamente comprometido por la oposición de Argentina y Brasil al TLC.

Aunque resulta algo ambigua su postura respecto al tema de fondo, Porzecanski admite que un eventual acuerdo con Estados Unidos no era vital para el futuro de la economía uruguaya.

En efecto, el mercado norteamericano sólo fue coyunturalmente importante para las exportaciones uruguayas y, actualmente, tiene una expresión cuantitativamente menor si se le compara con el brasileño.

Asimismo, queda también muy claro que la potencia imperial no estaba dispuesta a sacrificar sus intereses en un acuerdo bilateral de esta naturaleza ni a modificar las pautas del tratado clásico que suscribió con Perú y Chile.

Un aspecto no menos relevante para el análisis de contexto fue la posición de Carlos Gianelli, el embajador uruguayo ante la Casa Blanca, quien advirtió a Tabaré Vázquez sobre la falta de flexibilidad de los norteamericanos para readecuar el formato del TLC y contemplar la posición de Uruguay.

Más allá de eventuales costos políticos para los promotores y detractores del proyecto, no surge nítidamente que la no firma del tratado sea atribuible a una postura dogmática u ortodoxa dentro de la izquierda, respecto al relacionamiento entre nuestro país y los Estados Unidos.

De algún modo, la apuesta a la región postulada por el gobierno del Presidente José Mujica desde el comienzo de su mandato y la creciente importancia cuantitativa del mercado brasileño en un contexto de crisis internacional, corroboran el acierto de no seguir adelante con el polémico TLC.

«No voy en tren» es un valioso trabajo de investigación, que explica minuciosamente el proceso de una controversia que generó fuertes tensiones políticas tanto domésticas como regionales, aunque soslaya inexplicablemente necesarias referencias al contexto económico global y al estrepitoso derrumbe del modelo de acumulación capitalista.

(Edición de Debate)

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