El huracán: la biografía de Rubin Carter
Hay individuos marcados por una línea de futuro factiblemente venturosa, seguramente afortunada, pero que en segundos se vuelve una pesadilla. Es lo que le ocurrió al boxeador Rubin «Hurricane» Carter, que se pasó unas tres décadas en un confinamiento carcelario.
Había tenido ya problemas desde pequeño cuando, en uno de los tantos flashbacks a los que acuden Norman Jewison para remarcar el relato, a los once años termina hundiéndole una navaja a un abusador de menores y, como nadie le cree que fue en defensa propia, pasa años en un orfelinato.
Para Rubin Carter, quien había ganado la pelea contra Emile Griffith por el título mundial de peso welters, se le abría un camino más que auspicioso. Sufre los impactos del racismo cuando se le niega el título mundial de peso mediano y el impacto de una Policía corrupta y también racista que finalmente lo involucra en un crimen que no cometió. Treinta años a la sombra: el mundo se le desbarranca por todos los flancos al personaje que encarna soberbiamente Denzel Washington en uno de los momentos más inspirados de su trayectoria actoral y que, en consecuencia, lo sitúa en la fila de los favoritos a ganarse un Oscar a mejor actor.
Lo cierto es que El huracán (*), de Norman Jewison, reconstruye un itinerario de vida y todas las estaciones anímicas por las que deberá transcurrir. Desde el resentimiento a los focos de angustia, desde la desazón a la impaciencia por comprobar su inocencia. Desde las manifestaciones de artistas y deportistas (hay documentales de época donde personalidades como Muhamed Alí y otros reclaman su libertad, o el caso del compositor Bob Dylan cantando ferozmente su tributo libertario en la canción precisamente denominada «The hurricane») hasta un principio de resignación y una reanimación de seguir apelando su caso ante la Corte Suprema a partir de una amistad que traba con un adolescente que leyó su libro autobiográfico y así involucra a sus amigos (John Hannah, Deborah Kara Unger, Liev Schreiber) a ayudar al boxeador.
En su pelea final, y lo determina la narración del filme: la comprobación de la inocencia, el despojamiento final de su hostilidad contra todos los males de su mundo (los blancos), la idea de libertad luego de haber habitado momentos duros y hasta sórdidos en la penitenciaría.
Más que nada, Norman Jewison saca partido de una historia por cierto de ribetes conmovedores y hasta de un perfil humanista sobre este boxeador de color que llegó a tenerlo casi todo y al que el racismo palpable de los sesenta en los Estados Unidos lo llevó contra las cuerdas de una turbulenta y atormentada peripecia.
Es un filme, El huracán, que no posee otras pretensiones que el de la reivindicación y de poner las cosas en su justo lugar en tanto proyección de la mirada histórica sobre alguien –un boxeador en ascenso– que tuvo que lidiar consigo mismo y contra el espacio exterior contrario a su libertad.
En ese contexto, Denzel Washington se lleva las mejores palmas: su acting hace a la motricidad y a la propia carnalidad del filme, que a veces se recarga de una curva melodramática casi lacrimógena, aunque no llega a molestar. Todo es Denzel Washington: el filme de Jewison, correcto pero sin vuelo, depende exclusivamente de la formidable performance de este actor que va en busca del Oscar.
(*) Estreno en Hoyts General Cinema, Punta del Este.
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