Revisión de los filmes de Scorsese
Se han omitido algunos títulos recientes que están más frescos en la memoria del espectador y algunas cosas menores («Cabo de miedo»), pero se incluye «La isla siniestra», su último opus, en el cual no solamente narra una compleja intriga policial sino que también se dio el gusto de sacar a relucir algunas de sus admiraciones cinéfilas.
Se podría abundar al respecto, pero ello serviría de pista a los espectadores más atentos y estropearía la capacidad de sorpresa de algunas de las vueltas de tuerca del filme.
Martin Scorsese pensó ser sacerdote durante su niñez y juventud, e incluso ha confesado la impresión que causó en él la lectura de la historia del padre Damián de Brewster, el religioso que pasó gran parte de su vida en la isla de Molokai auxiliando a los leprosos. Ya se sabe que Scorsese no terminó en la Iglesia sino en Hollywood, pero la anécdota puede servir para dar cuenta de la personalidad inquieta, casi torturada del futuro cineasta, y en particular de esa vertiente de religiosidad (atribuible también a sus antepasados italianos) recorrida por rasgos de culpa y sufrimiento.
Hay que entender que la autobiografía de Scorsese tiene mucho que ver con su obra, desde la inicial «¿Quién golpea a mi puerta?» (que el cineasta tardó más de tres años en concluir) hasta la primera culminación de «Calles peligrosas», que también se ambientaba en su Little Italy natal. Para entonces, la vinculación de Scorsese con el productor Roger Corman había dado lugar a «Pasajeros profesionales», en la cual se exploraban igualmente ciertas raíces de la violencia, un tema que conducirá a la visión pesadillesca de «Taxi Driver», que debe ser entendida como otra culminación.
Junto a ese Scorsese rabiosamente personal existe uno más convencional que se expresa en filmes como «Alicia ya no vive aquí» o «New York, New York». Luego vendría «El toro salvaje», con su angustia urbana.
Cierto sentido de la ironía que estaba ya en «Taxi Driver» reaparece en «El rey de la comedia»; los conflictos de una religiosidad con dudas conocerían una espectacular encarnación en «La última tentación de Cristo», que acaso no diga mucho sobre Jesús de Nazaret pero revela bastante acerca de Scorsese, su guionista Schrader y el novelista Kazantzakis.
No todo lo que ha hecho Scorsese es brillante ni personal, aunque en un balance final resulte ampliamente favorable. Pudo lucir más convencional en «El color del dinero», talentoso y casi kafkiano en «Después de hora» (una comedia de notable calidad que fracasó en taquilla), volvió a sus temáticas favoritas con más («Buenos muchachos») o menos convicción («Casino»), hizo con habilidad cine de géneros en «Cabo de miedo». Pero es difícil discutirle, incluso en sus trabajos menores, su instinto cinematográfico: alguien ha dicho ya que Scorsese dormido es capaz de componer una secuencia con más eficacia que casi cualquier cineasta norteamericano despierto, con las probables excepciones de Eastwood y Tarantino.
Y, pese a insistencias, no es un monotemático. Pudo abrirse a la espiritualidad oriental en la suntuosa «Kundun», una biografía del Dalai Lama mundialmente boicoteada por el gobierno chino (en Uruguay solamente se la vio en cable, y doblada), y adaptar a Edith Wharton con elegancia aunque cierta frialdad en «La edad de la inocencia». Sin embargo, sus mejores momentos tienen que ver con la violencia y el drama intenso: con todo su folletín (más Dumas que Dickens), «Pandillas de Nueva York» tiene algunas de las mejores secuencias del cine de Hollywood de los últimos diez años y «Los infiltrados» debe ser el mejor filme de gangsters que se recuerda desde «Alma negra» (Raoul Walsh, 1949). Se lo pudo ver más desganado en «El aviador», quizá porque ahí se trató sobre todo de un trabajo de encargo (el cerebro detrás del proyecto fue Leo DiCaprio), y el director sólo se interesó lateralmente por algunos aspectos del tema (la recreación del Hollywood de los años 30). Con «Los infiltrados» volvió en cambio a «su mundo», y el tío Oscar se fijó finalmente en él. Todo esto y algo más es lo que puede apreciarse en Cinemateca Pocitos.
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