Saltos mortales

La vida es siempre un complejo cruce de caminos, que transita un vasto territorio entre el relumbrón de la celebridad y el dramático anonimato del ostracismo. Sin embargo, sería ciertamente un razonamiento muy simplista, y hasta frívolo, concebirla como una mera ecuación maniqueísta entre el Bien y el Mal y lo moral o lo inmoral.

Otra excusa frecuente es atribuir los errores al destino o las circunstancias históricas, sociales e incluso emocionales. Existe, en efecto, un atributo que transforma al ser humano en amo de la escala zoológica: la racionalidad.

De esa propia capacidad de discernimiento intrínseca y privativa del ser humano, nace precisamente la voluntad, que es –sin dudas– sinónimo de poder.

En rigor, las opciones humanas, por más amplias y variadas que puedan parecer, se limitan al amor o el odio, la tolerancia o la intolerancia y la rebeldía o la obsecuencia.

En «Saltos mortales», la narradora uruguaya Sylvia Lago describe minuciosamente el vasto universo de emociones humanas, desde el despiadado autoritarismo al idealismo, transitando –naturalmente– por los territorios del amor, el sexo, la soledad y la angustia.

Construyendo su relato en varios escenarios simultáneos, la escritora desnuda la condición humana sometida a situaciones límite.

Los «Saltos mortales» de la autora aluden al siempre tormentoso itinerario existencial del ser humano, contumaz émulo del equilibrista que transita temerariamente sobre un delgado cable sin red protectora, asumiendo siempre el riesgo de precipitarse al vacío.

Los personajes de esta novela de Sylvia Lago son perdedores empedernidos, para quienes la felicidad es un mero espejismo en un desierto de angustias, culpas, secretos, pecados y pasiones inconfesadas.

La «fauna» literaria de Lago es tan compleja como variada: un exitoso escritor que narra la biografía de un famoso icono intelectual, un crítico y editor literario soberbio pero obsecuente, una mujer insatisfecha, solitaria y abandonada, un hijo que reverencia el recuerdo de su padre pero es un torturador y una nieta que admira a su abuelo pero odia a su padre.

Todas las pasiones están contenidas en el calidoscopio narrativo de la autora, que penetra con su pluma la dura epidermis de los sentimientos.

La novela de Lago es una confluencia de historias humanas, micromundos cerrados a cal y canto y tortuosos laberintos, donde las apariencias parecen prevalecer sobre la espontaneidad y los afectos.

En la primera parte de esta obra intitulada «El padre», un escritor que guarda celosamente su obra como si se tratara de un secreto de Estado, se transfigura en una suerte de «bestia» solitaria y enigmática que sólo escribe y lee obsesivamente, como si su vida se limitara meramente a la actividad intelectual.

En su claustro vacío de amor y redención, el narrador concibe la biografía de un célebre poeta real, que en la ficción experimenta los mismos sentimientos y angustias de un ser de carne y hueso: ama, recuerda y sueña.

Mientras la imaginación corre más vertiginosamente que la pluma, una mujer madura «digiere» febrilmente el fracaso de su matrimonio, su soledad y su sexualidad insatisfecha. Su peor pesadilla es que nunca amó ni fue amada y su tiempo parece estarse agotando.

En tanto, un editor y crítico literario de cultura europeizada especula con el probable éxito ajeno, manipulando voluntades con obsecuencia y adulonerías.

Escribiendo una novela dentro de otra, Sylvia Lago va entretejiendo intensas emociones y concibiendo cuadros humanos a menudo despiadados: la sequedad afectiva, el supremo esfuerzo del parto literario, la soledad, la nostalgia, el vertiginoso avance del tiempo y hasta la ominosa proximidad de la muerte.

Aunque quizás pueda deducirse que la historia está ambientada en Argentina, no parece ser ciertamente demasiado relevante el espacio geográfico donde se desarrollan los eventos.

Narrando alternadamente en primera y tercera persona, la autora ingresa en el segundo tramo de su obra que bautiza «El hijo». Aquí, penetra el atribulado mundo interior de un despiadado torturador, que mixtura la culpa por las atrocidades cometidas con la autojustificación del deber cumplido.

Sylvia Lago asume una profunda reflexión acerca de la eterna dicotomía entre el Bien y el Mal, la moral, el autoritarismo, el nacionalismo exacerbado y los valores apócrifos.

Soslayando todo marco histórico referencial, la autora explora –a través del monólogo del torturador– las peores pesadillas de los pueblos sojuzgados por dictaduras y gobiernos autoritarios.

Sugiere, en ese contexto, que los cretinos útiles son quizás hasta peores que los déspotas, porque asumen sumisamente su papel de figuras en el dantesco paisaje de la tragedia.

Sylvia Lago cierra su tríptico narrativo con «La paloma», donde irrumpe la nieta revolucionaria que evoca a su abuelo y se rebela contra la barbarie de su padre.

En su oscura y húmeda celda de detención donde aguarda el inapelable final, la joven sufre por sus recuerdos y sus afectos filiales desgarrados por las fatales paradojas del destino.

La utopía parece haberse extinguido entre cuatro paredes de concreto e intolerancia, mientras le asfixia la angustia de saber que ya no habrá más noches ni sueños.

En «Saltos mortales», la autora de recordadas obras como «El corazón de la noche» y «Días dorados, días de sombra», asume una minuciosa radiografía de la condición humana.

En el prólogo de esta obra, el poeta, narrador y ensayista Mario Benedetti comenta: «Con lenguaje provocativo y un estilo personalísimo, donde lo erótico, la sensualidad, la violencia y los gestos hablan de otras máscaras –las cotidianas, las sociales, las políticas– Sylvia Lago ha escrito su obra más ambiciosa».

Con una escritura dotada de intenso lirismo y belleza estética, Sylvia Lago construye un relato de trazo emotivo, pasional y hasta testimonial.

(Editorial Planeta)

 

Rainer y Minou

El escritor argentino Osvaldo Bayer ha escrito que «a través de la palabra es posible desnudar la banalidad de lo perverso, la pornografía de las armas y la obscenidad del privilegio».

En esta novela, que encarna la belleza, la tragedia y la fascinación, el autor asume la voz de un cronista.

Testimonial, directa y desgarradora, «Rainer y Minou» narra la relación entre una joven judía y un alemán, cuyo padre participó en el gran genocidio durante el autoritarismo nazista.

El amor entre ellos no disipa ni los miedos heredados por la joven ni las obsesiones y la vergüenza de su novio, por ser el hijo de un despiadado asesino.

A partir de un tema tan transitado como las secuelas de la barbarie nazi fascista, Osvaldo Bayer logra construir una novela que mixtura la tragedia, el amor y el humanismo.

El autor sugiere que donde hubo dolor aún hay heridas abiertas y que la reconciliación es ciertamente una experiencia compleja de asumir. Sin ceder a la tentación del discurso maniqueísta, Bayer concibe un relato intenso y por momentos hasta conmovedor.

(Editorial Planeta)

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