La princesa de Nebraska: las agobiantes crisis existenciales
Este problema suele generar permanentes conflictos que trascienden a lo meramente generacional, para transformarse en un fenómeno de virtual ruptura cultural.
La proliferación de íconos contraculturales y antivalores deviene habitualmente en dramáticos cuadros de fragmentación familiar y recurrentes estados de agobiante desencanto individual y colectivo.
En ese contexto, el problema de la emigración tanto compulsiva como voluntaria agudiza aún los sentimientos de soledad, desarraigo y escisión afectiva.
En «La princesa de Nebraska», el realizador chino (nacido en Hong Kong) Waine Wang construye un filme frontal y transgresor, que examina las angustias e incertidumbres de la juventud contemporánea.
El cineasta, que siendo muy joven se radicó en los Estados Unidos, es uno de los referentes de la denominada nouvelle vage de Hong Kong y del cine independiente. Sus títulos más conocidos son «El club de la buena estrella», «Mil años de oración», «Cigarros» y «Las últimas vacaciones».
En esta película, Wang indaga en torno a los problemas cotidianos de los jóvenes chinos, analizando particularmente sus mutables conductas cotidianas y sus cada vez más acentuadas tendencias al desarraigo y al divorcio con su milenaria matriz cultural.
Son, obviamente, producto de una China sin identidad ni memoria, que reniega de su pasado remoto y sus más acendradas tradiciones, pero también del legado revolucionario del maoísmo y hasta de un presente cargado de contradicciones.
La protagonista de este filme es Sasha, una estudiante casi adolescente, que vive dramáticamente la confrontación con un mundo de adultos que no la comprende y que carga sobre sí con un embarazo no deseado de cuatro meses, fruto de una relación ocasional en su país de origen.
Radicada en San Francisco, donde busca edificarse un destino en una sociedad radicalmente diferente, la joven resuelve desprenderse del «problema», abortando, dando al niño en adopción o vendiéndolo a una organización de tráfico de bebés. Las circunstancias incidirán en forma determinante en su decisión.
En este relato, que narra apenas veinticuatro horas de la vida del personaje femenino, el cineasta aborda un tema sin dudas muy controvertido, como es el de la interrupción voluntaria del embarazo.
Esta conducta, que es insólitamente penalizada en nuestro país y en otras sociedades contemporáneas, sigue siendo una fuente de controversias que nos interpela acerca de la libertad individual y las conductas éticas.
De algún modo, el cine ha participado en este debate, con títulos tan recordados como el estupendo filme «Cuatro meses, tres semanas y dos días», que fue exhibido hace apenas dos años en nuestro país.
A través de otros personajes que comparten la peripecia de la protagonista, Wang replantea otros conflictos que también suelen generar debate en nuestro tiempo, como la homosexualidad, la bisexualidad y la prostitución.
El realizador también reflexiona acerca de la confrontación cultural entre Oriente y Occidente y las incertidumbres que genera el capitalismo hegemónico que gobierna nuestras vidas.
En ese contexto, el relato enfatiza en los desafíos que debe asumir una joven cada vez más huérfana de afectos y recurrentemente jaqueada por crisis de identidad.
Con un discurso que pone el acento en los conflictos inherentes a un tiempo de incertidumbre, el cineasta reformula los grandes dilemas de nuestro tiempo, como la inserción social y la irresistible seducción de un estilo de vida marcado por las reglas del consumismo.
«La princesa de Nebraska» es un filme frontal y nada complaciente, que reflexiona sobre la soledad afectiva, el desarraigo y los agudos dilemas morales de nuestro tiempo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad