Arte

Imágenes fijas, imágenes móviles

Por la naturaleza del soporte tecnológico, obviamente, imponen una visita más dilatada y repetidas visitas a la sala. Es lo que sucede en el Centro Cultural de España, en esta oportunidad dedicada a Portugal, en el Programa País Iberoamericano, con la muestra Tiresias.

Mientras se sigue ignorando la pintura portuguesa del siglo XX por estas latitudes, con grandes representantes que sorprenderían por su inventiva y audacia innovadora, los organizadores lusitanos optaron el lenguaje del video ­quizá menos costoso­, pero todavía, sin la envergadura que tienen en otros soportes algunos de los elegidos. Angela Ferreira, Joao Penalva y Xana, aquí seleccionados, tienen fama independiente de sus incursiones como videastas.

De cualquier manera, la curadoría de Dinis Guarda, en un inteligente prólogo donde se interroga si Portugal es el país de las tres efes (fado, Fátima y fútbol), imagen estereotipada al igual que Uruguay (fútbol, carnaval y tango), mientras su complejidad histórica arranca desde la época medieval y la construcción de un imperio que amplió nuevos mundos al mundo conocido al decir de Camoes. Portugal de los descubrimientos y las nuevas rutas marítimas al Lejano Oriente, Portugal de poetas (Camoes, Pessoa, Sá Carneiro, Eugénio de Andrade), de escritores (Padre Vieira, Eça de Queiroz, Lobo Antunez, el nobelizado Saramago, de reciente desaparición, más conocido que leído), de pintores (el genial creador anónimo del políptico de San Vicente, Grao Vasco, Amadeu de Sousa Cardozo, Almada Negreiros, Paula Rego, Helena Almeida), de azulejos e influencia árabe, de arquitectos (Boytac y la creación de la arquitectura manuelina), de catedrales y palacios. Toda esa enorme y compleja herencia cultural es ignorada, o poco y nada difundida fuera de fronteras.

Tropezar, de repente, sin conocer o estar ligeramente familiarizado con el contexto histórico elemental, con los videastas recientes, es barrer todo un riquísimo pasado. Incluso las referencias a la dictadura de Salazar en el siglo pasado de Angela Ferreira en su video sobre la gimnasia de las Mocedades portuguesas, similares a las juventudes hitleristas o a las de cualquier dictadura, son incomprensibles incluso para las propias nuevas generaciones portuguesas. Mejor, es el de Graça Sarsfield, un sentido homenaje a su padre y a la mitología del deportista. Xana intercala dibujos digitales en las diferentes imágenes y apenas si asoma el gran inventor de formas de explosivo cromatismo. Los restantes videos, que tienen la virtud de la brevedad, están técnicamente bien resueltos, pero no alcanzan a tener la contundencia expresiva como para quedar registrados en la memoria del espectador.

Sin asomo de nacionalismo, el video de Alfredo Ghierra, en + Cubo, al ladito de los portugueses, es más incitativo al invitar a descubrir la ciudad de Montevideo con la cámara enfocando la parte alta de los edificios, esa que casi ningún ciudadano tiene la curiosidad de observar.

La agradable sorpresa, sin embargo, está en Escena en off de Carolina Sobrino. Montevideana de 1969, sus fotografías de género se conocieron en alguna muestra individual y en varias colectivas. Un buen día se marchó a España y ahora, al regresar por breves días, trajo una propuesta que parece surgir de una personalidad diferente, en franca ruptura con el pasado. Se trata de una instalación, en clave conceptual, en imágenes en blanco y negro, potentes en su registro y austeras en su composición, establece el contrapunto entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el interior y exterior, entre lo natural y el artificio hasta descubrir en el tránsito lo real maravilloso en poderosa síntesis. El jueves, a las 19.30, en el Centro Cultural de España, Carlos Porro, inteligente curador de la muestra, dialogará con Diana Mines, fotógrafa y crítica de fotografía, en la presentación del libro de Sobrino.

Una mirada del Sur es la que ofrecen cinco fotógrafos argentin os en el Museo Zorrilla, organizada por las galerías Del paseo y Vasari. La muestra recupera el buen nivel que en otros tiempos distinguió a esa institución. Cinco personalidades con amplia difusión internacional que «desde hace algún tiempo decidimos mirar el mundo que nos rodea y hacer de él nuestro objeto de trabajo. Fotografiando a través de nuestra mirada y nuestros propios sentimientos, de una manera directa y sin artificios, entendiendo que la cultura de nuestros pueblos debe transmitirse a través de nuestras imágenes»(…) «Hemos tratado de hacer una fotografía que pensamos y sentimos como nuestra, sin tomar en cuenta las preferencias de los centros culturales de poder, que a través de los años han construido los distintos clisés que debían encuadrar la obra de un fotógrafo latinoamericano. Con la mirada personal de cada uno, hemos buscado desentrañar cómo es esta parte del mundo». Esta loable declaración en el prólogo del catálogo no aparece bien demostrada en las pequeñas fotos de sus integrantes que, otras veces, han ilustrado mejor esas intenciones.

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