Opinión de colegas uruguayos

Enterado del hecho, el escritor y luchador social Mauricio Rosencof dijo a LA REPUBLICA que «su literatura tiene una fuerza sin respiros. Si tuviera que elegir uno de sus libros optaría por El Evangelio según Jesucristo. Saramago es un hombre que escribiendo me recuerda a Bertrand Russel quien también murió en su escritorio. Lo suyo en la vida ha sido un tránsito profundamente productivo, tanto así que hasta el último suspiro nos estaba dejando la comunicación de su pensamiento en sus textos. Si yo tuviera que elegir la manera en que un escritor debe terminar sus días, sería como lo hizo él, con la birome en la mano. Un hombre lúcido hasta el último de sus días y que cumplió cabalmente aquello que dice que la primera ley del creador es crear».

Por su parte, Milton Schinca afirmó a este matutino que ha leído varias de sus obras y que lo admira mucho. «Varias de ellas-afirmó Schinca- valen realmente la pena como, por ejemplo, ‘El Evangelio de Jesucristo’ y ‘Ensayo sobre la ceguera’. Personalmente trabajé en la Fundación Braille y entiendo que él hizo un trabajo muy acertado respecto a los ciegos.

Su deceso me golpea fuerte porque muchas cosas del mundo actual me llegaron a través de su óptica. Muchos aspectos conmovedores de la actualidad él los supo mostrar de una manera convincente y emocionada».

También el poeta Víctor Cunha afirmó a LA REPUBLICA que Saramago «es como uno de los fundamentales del cambio de siglo. Me da la impresión que toda su obra, tanto la anterior como la actual cruza el cambio de siglo. Si bien el desarrollo y la importancia que él adquirió en los últimos veinte años fue muy grande, todavía no se llegó a la cumbre del destaque y la proyección de su obra. Un legado que todavía va a tener más ascenso e importancia. Saramago participa de esa rara condición de tener una escritura ligera, vivaz, humorística a veces, pero siempre profunda. La densidad filosófica que alcanza es lo que hace la diferencia», opinó Cunha y agregó que cuando se desempeñaba en el INJU en los años noventa, estuvo «casi arriba de un avión para viajar a Saragoza acompañando a una delegación de jóvenes. Hubiera sido una hermosa oportunidad para conocerlo personalmente. Vale mencionar que hace unos años él estuvo en nuestro país» -recordó.

Por su parte, el también poeta y escritor Lucio Muniz, en comunicación telefónica con nuestra redacción afirmó que Saramago era «un hombre de una imaginación frondosa. Alguien que hacía mucho con poquita cosa. Casi con nada ha elaborado novelas preciosas. Es un hombre que ha tenido la valentía de, en algún momento, defender ciertas cosas y en otros, otras diferentes. Indudablemente, es un hombre de pensamiento. En lo humano me parece notable, tuvo una niñez de pobreza y logró ser quien es y además ser reconocido con el Premio Nobel sin haber tenido muchos estudios universitarios».

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