Opinión. "La pieza es desmañada, algunas escenas son demasiado largas"

"De madera de nogal", obra de Agösto, en la sala Atahualpa del Teatro El Galpón

Pero no se le ocurrió al novel dramaturgo nada mejor que la sobada situación de los deudos reunidos ante el féretro (del padre, o madre, abuelo, o etcétera).

Situación que aflige desde tiempos inmemoriales los teatros con mediocridades como «Hay que deshacer la casa», de Sebastián Junyent, «Nosotras que nos queremos tanto» de Miguel Falabella, «Esperando la carroza» de Jacobo Langsner y aún la reciente «Agosto» de Tracy Letts.

La pieza es desmañada. Algunas escenas son demasiado largas, como el acoso de Fariña (por Agösto) a cargo de Marisa (Gabriela Iribarren), una heredera empeñada en despedirla y todas las intervenciones de Amalia (Roxana Blanco); otras son sólo pesadas, como las idas y venidas acerca del féretro y su selecto material. En cuanto a «Agösto» como actor, tiene un público adicto que ríe a carcajadas no bien comienza a articular una palabra; a nosotros nos resultó monocorde, sin expresión facial, con un desplazamiento pesado y una dicción incolora.

«De madera de nogal» está rodeada de distinciones y enigmas. Como ya lo habrá sospechado el lector la pieza obtuvo un premio del Ministerio de Educación y Cultura en el año 2003 y cuenta con el aporte de una escenografía, vestuario e iluminación suntuosos (Santiago Tavella, Martín Blanchet) y, al fin pero no lo menos, dos actrices de primera línea, que han interpretado brillantemente a Eurípides y a Shakespeare. Nos están convenciendo de que la murga es un arte superior.

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