La historia de Polonia según Wajda, desde hoy en Cinemateca Uruguaya
Durante mucho tiempo, Andrzej Wajda acarició la idea de rodar una película sobre ese tema: el múltiple asesinato de oficiales polacos realizado por la Policía política stalinista luego del pacto nazisoviético de 1939. El padre de Wajda fue una de las víctimas, y el cineasta ha dicho que se lo debía.
El ciclo comienza hoy con la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, una película llamada «Sansón», y prosigue en días siguientes con «La casa de moscas» (jueves 17), «Paisaje después de la batalla» (viernes 18), «El bosque de abedules» (sábado 19), «La boda» (domingo 20), «La tierra prometida» (lunes 21), «El hombre de mármol» (martes 22), «Sin anestesia» (jueves 24), «Las señoritas de Wilko» (viernes 25), «El director de orquesta» (sábado 26), «El hombre de hierro» (domingo 27), «Dantón» (lunes 28), concluyendo con «Katyn» (martes 29 y jueves 1º de julio).
Trayectoria
A estas alturas parece casi innecesario aclarar que Wajda es uno de los maestros del cine moderno. Barroco, romántico, apasionado, profundamente polaco, nacionalista y crítico, todos esos adjetivos lo definen pero ninguno lo agota. Una de las características de su obra ha sido la permanente renovación, el cambio frecuente del punto de mira, que no afecta sin embargo una profunda unidad que va más allá del dato estilístico. Quizás sea consecuencia de una actitud personal que pudo cuestionar el sacrificio luego de haberlo admitido y que más tarde lo condujo a condenar las rigideces políticas de 1978 en paralelo con el dogmatismo stalinista de los años 50.
En definitiva no hay una diferencia notable entre convertir el heroísmo en el acto insensato de un ejército nacional que salió a pelear a caballo contra tanques nazis (La flecha blanca) o en la declaración de que el protagonista de «Cenizas y diamantes» no es un héroe sino un derrotado, o que el personaje de su episodio de «El amor a los veinte años» es objeto de burla por parte de quienes no vivieron la guerra y no comprenden al viejo combatiente de la resistencia. En «El hombre de mármol» y en «Sin anestesia» los que fueron apreciados en el pasado dejaron de serlo, y ambos filmes pretenden describir las causas, derivando a posturas críticas que constituyen una de las líneas más válidas de la cultura polaca de su momento. La destrucción de los mitos (el del héroe, el de la infalibilidad política) motiva films como «Todo a vender» (no incluido en esta selección) donde se destruye la ficción del cine y de los poderes de un director cinematográfico que no es el propio Wajda pero podría serlo.
Algo semejante ocurre en «La caza de moscas», donde a primera vista se trata de atacar el matriarcado pero más en profundidad se desmitifican costumbres y hábitos sociales en tiempo presente. No toda la obra de Wajda sigue por cierto estas líneas generales, y está claro que «El bosque de abedules» o «Lady Macbeth en Siberia», o incluso «La boda» no parten del afán de contradecir, por más que en su intención delaten contradicciones de pasado y presente, de costumbres, de afanes vitales.
Las libertades conquistadas por Polonia y el resto de Europa del Este tras el fin del monopolio del Partido Comunista no parecen haber afectado esencialmente la actitud de compromiso de Wajda con su país y su arte. Antes del desplome del «socialismo real» había utilizado ya a Dostoievskii para cuestionar delirios extremistas (Los poseídos), y volvió luego a temas urticantes del pasado (la actitud del pueblo polaco ante el exterminio de judíos en Semana Santa). Sigue habiendo una vertiente anclada en la historia y la cultura del país en la obra de Wajda, y este ciclo apunta justamente eso: las diversas etapas de la historia de Polonia que han sido el tema o el trasfondo de algunas de sus obras mayores.
Compartí tu opinión con toda la comunidad