Días de ira. Una película que reitera componentes fascistoides

Vengador tecnológico, o la  justicia por mano propia

Cabe señalar la peculiaridad del argumento, centrado en la brutal revancha de un ingeniero especialista en inventos mortíferos que, luego de ver masacrados a sus seres queridos, se toma su tiempo para castigar a los que lograron zafar del castigo y a todos los responsables que permitieron ese agujero negro de la ley y el orden.

Desde un estricto punto de vista ideológico, el filme reitera esos componentes fascistoides que aparecían en «El vengador anónimo» y «Harry, el sucio»: la presunta crítica al sistema judicial estadounidense que envuelve una suerte de justificación subliminal del revanchismo en medio de un formato trhiller intenso y correctamente narrado (más allá de ciertas vueltas de tuerca que comprometen un nivel básico de verosimilitud). Lo cierto es que el nivel de truculenta agresividad planteada en medio de la anécdota da lugar a otras reflexiones sobre un modelo del «ojo por ojo» que parece enquistado en la naturaleza humana sin importar el nivel de desarrollo de las sociedades. No está de más recordar que una de las seriales de mayor éxito en los Estados Unidos de América es «Dexter» (aquí no ha llegado aunque en EEUU ya va por su cuarta temporada), una historia que pasa revista a los asesinatos en serie realizados por un forense (padre de familia para más datos) que mata y descuartiza a criminales fugitivos sin que logren echarle el guante. En este caso, al parecer, la audiencia hace fuerza para que nunca lo atrapen y algo de esta perversa distorsión de valores se reitera en «Días de ira». El tema tendría que ver con la idea de subsanar huecos legales con un «justificado» tiro en la nuca sin generar mayores escándalos en la platea pero ­a decir verdad­ el asunto en esta película se pasa de la raya casi desde el comienzo (sin tener en cuenta una mínima cuota de viabilidad sobre los acontecimientos narrados) y genera una incomodidad relativamente notoria en el público aunque el desenlace marque un cortar y barajar de nuevo. Filmes como estos, quizás, son los que resultan más peligrosos a la hora de clasificar riesgos dentro de un esquema de cine policial bajo receta. No se trata de analizar calidades de interpretación, dirección y/o fotografía sino de profundizar sobre qué tipo de señales generan algunas producciones aparentemente convencionales pero que ocultan discursos violentistas e intolerantes. Esta realización es una de esas lamentables propuestas conceptuales a las que no habría que prestarle mucha atención. La justicia pasa por otros carriles. Ad iustiam per ius.

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