En escena. "Homero, Ilíada", de Alessandro Baricco, en el teatro Victoria

Lectura superficial de un clásico

Es como Esquilo sin los himnos y la religión y el más allá: un libreto para Russell Crowe o Brad Pit.

Una vez abaratado el clásico, ¿por qué no dar un paso más y llevarlo a las tablas? Así se hizo. Esta tirada de dados parece convenir al teatro Victoria, cuyos planes, más misteriosos que las tumbas de Micenas, alberga tanto un brillante Genet («Las sirvientas») como un menos que mediocre Carlos Pais («Días eternos»). Hay muchos y buenos actores disponibles, tantos como para escenificar no sólo la Ilíada sino, al mismo tiempo, la Odisea, la Eneida, la Biblia y el Mahabaratha, actores que entienden ejercer una nobilísima profesión sea cual fuere la obra que interpreten. Siguió una adaptación rutinaria de Jorge Curi y Carlos Scavino, se distribuyeron los papeles, que fue como resolver qué parte recita cada uno, se obtuvo del siempre disponible y eficaz Osvaldo Reyno una escenografía tan majestuosa como poco funcional y un vestuario propio de una versión de «El nombre de la rosa» o aún de «El monje loco». En cuanto a la interpretación, pareció quedar librada a lo que pudiera hacer cada uno de los actores, emprendiendo la tarea por cuenta propia y sin ningún sentido de efectos de conjunto; en este punto crítico Pelusa Vidal, una airosa si que otoñal Helena de Troya, Cecilia Baranda, Gabriel Hermano, Alejandra Artigalás y Carlos Frasca pusieron de sí mismos a veces gracia y elegancia, las más de las veces movimiento, a menudo intención y matices y en general muy grata corrección, si no una sentida convicción.

La superficialidad de la puesta en escena arruinó, globalmente, a Homero y aún las mejores escenas, como los diálogos de Hécuba con Andrómaca y de Príamo con Aquiles; pese a ello, supliendo un tanto la orfandad de la puesta en escena, el espectador pudo entrever la grandeza de algunas situaciones y la intensidad del original. El efecto final es de un producto o subproducto que aprovechó las circunstancias, y no de un proyecto, hecho por entusiasmo, pasión o deslumbramiento, que todo ello cabría, a partir del texto clásico. Así presentada, laxa, por momentos aburrida, por momentos imposible, esta versión de la Ilíada más que acercar al público a uno de los grandes clásicos, ha de tender a alejarlo y a cubrirlo con un manto de incomprensión.

HOMERO, ILIADA, de Alessandro Baricco, versión teatral de Jorge Curi y Carlos Scavino. Con Alejandra Artigalás, Cecilia Baranda, Ismael da Fonseca, Carlos Frasca, Gabriel Hermano, Mariano Prince, Pelusa Vidal y Germán Weinberg. Música original de Jorge Camiruaga, ejecutada en vivo por Nicolás Antunes, Rodrigo Domínguez y Mauricio Ramos, escenografía de Osvaldo Reyno, vestuario de Beatriz Martínez, iluminación de Carlos Scavino, dirección de Jorge Curi. En teatro Victoria, Río Negro 1479, estreno del 23 de mayo.

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