Armendáriz filmó la olvidada guerrilla antifranquista
Madrid, AFP
El cineasta español Montxo Armendáriz rompió el silencio de la guerrilla antifranquista tras la Guerra Civil Española en su obra Silencio Roto, presentada este martes y que estrena el 27 en España.
El argentino Juan Diego Botto comparte los roles principales con su hermana María y con los españoles Lucía Jiménez, Mercedes Sampietro y Alvaro de Luna. La película fue rodada íntegramente en un pueblecito navarro del Valle de Arce.
Nuestra finalidad al hacer esta película era «recuperar un trozo de nuestra memoria histórica y reflejarla con toda la objetividad posible, para que su conocimiento contribuya a un mayor y mejor entendimiento entre las personas y los pueblos», dijo Armendáriz al presentar la obra a la prensa.
«Silencio Roto –agregó– tiene por voluntad «dejar constancia de una época de nuestra reciente historia que se ha tratado de silenciar y olvidar».
Ahora, esos lúgubres capítulos de la historia española «los vemos reproducidos en los horrores de Kosovo, Colombia o Chechenia», explicó Armendáriz, quien ha pretendido contar en su película lo ocurrido tras la Guerra Civil en el bando de «los perdedores».
Esencialmente, centra su historia en las guerrillas que siguieron actuando después del triunfo del franquismo en la Guerra Civil, que oficialmente terminó con un parte del Ejército de Franco emitido en Burgos (norte) el 1º de abril de 1939.
Muchos anti-franquistas que tomaron las armas para luchar contra la injusticia y la represión, como los guerrilleros de la obra escrita y dirigida por Armendáriz, se resistían a resignarse a la derrota.
Se refugiaron en los montes y desde allí adoptaron otras formas de lucha contra el régimen franquista, organizados en el seno del denominado Ejército Nacional Guerrillero o Grupos Libertarios de Acción.
Sus logros más importantes se registraron entre 1944 y 1946, pero el régimen ocultaba su existencia, siendo ignoradas sus acciones en la prensa española.
Silencio Roto, relata los últimos años de uno de estos grupos guerrilleros, que fue desarticulado por las fuerzas franquistas después de haber festejado por poco tiempo la toma de un pueblo y el «ajusticiamiento» de guardias civiles y «colaboradores» franquistas.
«No es una historia política ni de buenos, ni de malos, sino el reflejo de la condición humana, porque me interesaba el comportamiento y la pericia humana», subrayó el cineasta, que se basó en hechos reales para reconstruir la historia.
Armendáriz subraya el rol esencial que en esa época cumplieron las mujeres que afrontaron con firmeza las presiones franquistas, por su audacia y coraje para alimentar y ayudar a los guerrilleros en peligrosas situaciones y por llorar en silencio sus muertes.
Las mujeres –señala Armendáriz– fueron «dobles víctimas de la dictadura».
El relato está condimentado con una historia de amor entre un guerrillero (Juan Diego Botto) y una veinteañera (Lucía Jiménez) que colabora con la guerrilla tras descubrir que la esperanza fue pisoteada en las calles vacías de su pueblo, por donde deambulan el silencio, el horror y el miedo.
Sus esperanzas mueren con la muerte de su amante y padre de su hija, acribillado por los franquistas.
Era el invierno de 1944. Otros guerrilleros siguieron luchando hasta 1946 con la ilusión de abrir las puertas a días mejores.
Las puertas de la democracia se reabrieron en España 31 años más tarde, con la muerte del dictador, pero –según Montxo Armendáriz– los guerrilleros antifranquistas han sido «los grandes olvidados» de la democracia.
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