Los teléfonos móviles al poder
Este impresionante cúmulo de secretos a ser voceados parece ideado por el «Gran Hermano» de George Orwell para el monitoreo de una menguante privacidad.
Sergi Belbel es un comerciante del teatro que se esfuerza en tomar al espectador de las solapas. Casi lo cachetea para que lo atienda. Su primera obra estrenada aquí, «Caricias» causó cierto alboroto con una fellatio; alguna crítica la tomó en serio. «La sangre», con los chorros de tinta roja que fluían del pie serruchado de Gabriela Iribarren mostró sus cartas, «Tálamo» pasó sin pena ni gloria y finalmente «Morir» (2005), dirigida por Gabriel Calderón fue bastante aséptica, lo que quizás, le valió el honor de una invitación al festival Internacional de Teatro de Porto Alegre.
En «Móvil» vemos de nuevo al Belbel inescrupuloso y de nuevo, un tanto aséptico. Abiertamente nos induce en error sobre la relación de Claudia (Anael Bazterrica) con Jan (Pablo Robles) para sorprendernos luego con la verdad. Inventa un imposible romance, o encuentro «touch and go» o de «encamada con cierre metálico» (Erica Jong) entre dos personas que normalmente no lo harían. La obra contiene violencia verbal, agresiones, rupturas, encuentros eróticos, equívocos, transformaciones de personajes. Todo esto es desdeñable; pertenece al mundo de la industria, no al mundo del arte.
Le reconoceremos a Belbel la amenidad, la transparencia cándida de sus intenciones, la facultad de ser ligero con temas que parten de lo grave y llegan, si no a lo siniestro, a las orillas del misterio. Hay un atisbo de profundidad en tanta superficialidad, entre tanto impacto sobre la epidermis cuando Belbel muestra el estado actual de las relaciones humanas como una tela frágil, quizás como un gas, una nada, quizás un agujero negro que todo puede devorar y nada puede crear.
En manos de Mario Ferreira, la comedia de Belbel adquirió o conservó su ritmo perfecto, esa mezcla, inestable y agridulce, de pachorra y agitación, de velocidad desatentada propia del hombre de hoy, a quien puede disparársele en el cerebro un byte que lo lleve al crimen o a la muerte mientras su cuerpo, protegido por filtros solares, con lentes Louis Vuitton y camisas de Krizia reposa bajo el oblicuo sol en una «chaise longue» de un crucero.
En la buena interpretación general destacamos con un sobresaliente a Pablo Robles, que por lo que sabemos había actuado, hasta aquí, en el Carnaval, y particularmente con Agösto Silveira. Bajo una mala capa puede encontrarse un buen bebedor.
MOVIL, de Sergi Belbel, por El Galpón, con Silvia García, Anael Bazterrica, Guadalupe Pimienta y Pablo Robles. Escenografía de Eduardo Cardozo, vestuario de Diego Aguirregaray, iluminación de Martín Blanchet, música de Alvaro Pérez, dirección de Mario Ferreira.
En el teatro El Galpón.
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