COLAPSO DE UN GIGANTE

Las sucesivas crisis bancarias que asolaron a nuestro Uruguay en las últimas cuatro décadas, tenían un fuerte componente sistémico que atañe directamente a los modelos económicos aplicados por gobiernos de inspiración neoliberal.

No en vano las quiebras fraudulentas más notorias se retrotraen a las décadas de sesenta y el setenta del siglo pasado, coincidiendo con las primeras fisuras de los mecanismos de regulación estatal.

Obviamente, es insoslayable recordar la debacle generada por la ruptura de la «tablita» cambiaria en 1982, que, en plena dictadura, provocó una descomunal devaluación y un auténtico terremoto en la plaza financiera local.

De algún modo, esa circunstancia, que hizo naufragar el modelo económico de la época, aceleró los tiempos políticos del proceso de reapertura democrática.

Por supuesto, la crisis bancaria más severa fue la de 2002, cuando el sistema financiero se derrumbó estrepitosamente, desnudando los devastadores efectos de la desregulación.

El contagio de la debacle argentina que provocó corridas y retiros masivos de ahorros, dejó al descubierto maniobras fraudulentas de banqueros inescrupulosos, que operaban impunemente amparados en la negligencia del gobierno de coalición encabezado por Jorge Batlle.

Más allá del daño provocado a los ahorristas de las instituciones cerradas, la amnesia crónica que suele aquejar a nuestro país dejó impunes a los responsables políticos de lo sucedido.

Hoy, nuestro país tiene severas regulaciones a la actividad de los agentes financieros, que, al margen de las obvias incertidumbres provocadas por la alta volatilidad de los mercados, garantizan un razonable margen de tranquilidad.

Un episodio tal vez poco recordado que integra el catálogo de las crisis financieras de carácter sistémico que afectaron a nuestro país, es el de los denominados bancos gestionados.

Como se recordará, durante la primera presidencia de Julio María Sanguinetti, el gobierno intervino y se hizo cargo de la gestión de los bancos Comercial, Pan de Azúcar, La Caja Obrera y de Italia, que concentraban buena parte de la operativa financiera privada.

En «Banco la Caja Obrera: una historia 1905-2001″, los periodistas Jorge Chagas y Gustavo Trullen elaboran una prolongada investigación, que recrea el nacimiento, auge, crisis y cierre de esta tradicional institución financiera de plaza.

Apoyando su trabajo en documentos y valiosos testimonios de ex funcionarios, los autores reconstruyen una trayectoria fuertemente ligada a la historia contemporánea de nuestro país.

La minuciosa pesquisa se adentra en los orígenes del Banco La Caja Obrera, que está intrínsecamente relacionado con los grupos católicos, la promoción del ahorro y el apoyo al trabajo.

Esa tradición transformó al banco, durante varias décadas, en una de las instituciones señeras del sistema financiero nacional y en un auténtico baluarte del crédito.

Los tramos más sustanciosos de la investigación se concentran en los últimos siete capítulos, que describen minuciosamente el proceso de agudo deterioro y crisis de la institución, que comenzó con el quiebre de la «tablita» de 1982.

Los veinte años que transcurrieron hasta el cierre definitivo en 2001, fueron pautados por la tensión y la incertidumbre de un banco que fue parte de nuestra historia contemporánea.

El libro, que reconstruye paso a paso la agonía y caída del Banco la Caja Obrera, desnuda las vulnerabilidades estructurales de un sistema financiero que carecía de las adecuadas regulaciones, durante el período más crítico del modelo neoliberal.

(Ediciones Perro Andaluz)

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