Trasandino. El cineasta se pronuncia contra el olvido y reivindica la memoria histórica

El portugués Manoel de Oliveira y el chileno Patricio Guzmán presentaron sus últimos filmes

Abandonados los filmes quilométricos de la década del 70 que lo proclamaron director de culto (el último fue «Zapato de raso», de ocho horas, en 1985), De Oliveira se dedica desde hace unos quince años a un cine repleto de humor y de inteligencia, sin pasar nunca la canónica hora y media de los clásicos de la pantalla grande.

«El extraño caso de Angélica» se presenta como un cuento fantástico de corte clásico, casi una leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer.

Por otra parte en Cannes también se proyectó un documental metafórico titulado «Nostalgia de la luz», del chileno Patricio Guzmán. Conocido por sus documentales comprometidos, desde los tiempos de la Unidad Popular en su país natal, hasta los testimonios del exilio, Guzmán, de 68 años, realizó una cinta original sin dejar de tocar temas de la memoria y del testimonio político, los que conjuga con una de sus pasiones de adolescencia, la astronomía.

En Chile están instalados algunos de los telescopios más potentes de la Tierra. La razón de esto es que se trata de una zona privilegiada para la observación del universo, el desierto de Atacama, donde el aire es tan límpido y puro y el firmamento tan claro que la Vía Láctea parece capaz de proyectar luz sobre la superficie.

Hurgar en el pasado es tarea tanto de historiadores como de geólogos y arqueólogos, así como de las mujeres que buscan a los desaparecidos de la dictadura pinochetista. Guzmán descubre para el espectador la magia del cielo estrellado pero le recuerda que la memoria es tan esencial para el ser humano como la luz del Sol y que el olvido puede matarlo en vida.

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