"Mucho ruido y pocas nueces" de Shakespeare, en el teatro Alianza
Leemos en el programa «de William Shakespeare» y sólo podemos esperar un acontecimiento.
Se nos acelera el pulso. Respiramos hondo al entrar a la sala. ¡Ay! Esta versión de «Much ado about nothing», o sea, aproximadamente «Mucha vuelta» (y no «ruido») «para nada», que una terca traducción española la quiere con el modismo, hoy un arcaísmo injustificable «Mucho ruido y pocas nueces», nos plantea un difícil problema.
¿Es bueno para la formación del público, dar un Shakespeare insuficiente? Cualquier desliz, cualquier puesta en escena por debajo de lo excelente arriesga precipitar a los espectadores a obras comerciales como «Baracka», «Agosto», «Mi madre, Serrat y yo», etcétera. No es la primera vez que oímos «Shakespeare no me gusta», «me aburre Molière», «no soporto a Chejov» y semejantes. Por cierto, ni el último «El avaro» que vimos en Montevideo, ni este Shakespeare, ni los últimos Chejov nos pueden convencer de que estamos ante obras de consumados artistas. Nos carcome una duda ¿qué es peor, una dieta de obras como «Juntos», «Tercer espejo», «Las Julietas», que ahuyentan del teatro, o un Shakespeare ñoño y escolar, que ahuyenta al espectador de la frecuentación de los clásicos?
Esta versión podría justiciarse, dentro de un carácter de fiesta de fin de curso, por una dirección sobresaliente, que disimulara las carencias de actores que, salvo uno o dos, cuentan con muy escasa experiencia. Elena Zuasti se ha esmerado, y aún podemos decir que ha triunfado, con «Plaza suite», de Neil Simon, que se da en el mismo teatro Alianza; pero si se dedicó a Simon, no prestó a Shakespeare nada más que una atención rutinaria. La sencilla historia de los amores a contrapelo de Benedicto y Beatriz, que guardan cierta correspondencia con los de «La fierecilla domada» daba para un enérgico trazado de caracteres acollarados en una electrizante dialéctica de agresiones que se vuelven caricias; pero en esta puesta en escena todo aquel ímpetu juvenil, toda aquella cresta de la ola, se convirtió en desmayos y meandros divagadores.
Si reprobamos esta falta de impulso y velocidad, que necesita todo Shakespeare, encontramos algo peor, un torpe agregado, que hubieran rechazado Roberto Barry o Paquito Busto: un hombre orinando contra un árbol. Como los lectores pueden imaginar, esta grosería gratuita cosechó las más fervorosas risas de la noche.
MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES, de William Shakespeare, versión en español de Elena Zuasti, con Niccola Pisano, Stefanie Neukirch, Gastón Torello, Nicolás Invernizzi, Magdalena Long, Alexis Savia, Alan Morales, Rania Feurich, Alejandro Martínez, Rafael Beltrán, Nicolás Furtado, Patricio Lavorerio y Javier Martínez. Espacio teatral y luces de Alvaro Bonaglia y Martín Rodríguez, vestuario de Diego Aguirregaray, música y ambientación sonora de Ariel Caldarelli, dirección general de Elena Zuasti. Estreno del 22 de abril en Teatro Alianza Uruguay Estados Unidos, sala 2.
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