Los cuatrocientos golpes, en Cine Arte del Sodre
La película del debut de François Truffaut ganó el premio al mejor director en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1959. En un instante su joven realizador entró en los mapas de la cultura cinematográfica internacional y allanó el camino a sus colegas de la nouvelle vague, como Jean-Luc Godard y Eric Rohmer, ya inmersos en sus propios proyectos de vanguardia.
Al igual que otros realizadores de la nouvelle vague, Truffaut cultivó sus ideas clave escribiendo artículos para «Cahiers du Cinema», la erudita revista de cine editada por André Bazin, que alentaba a sus críticos a llevar sus convicciones más allá de la mezcolanza característica de estética e intereses filosóficos. Truffaut fue el escritor más agresivo del grupo, crítico feroz de la «tradición de calidad» del cine francés, y formulaba al mismo tiempo la «politique des auteurs», que consideraba a los directores creativos los principales autores de sus películas.
En «Los cuatrocientos golpes» abunda el espíritu de realización personal que Truffaut había celebrado como crítico. El héroe, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), es una versión que conduce la ficción del propio autor y Truffaut reveló más tarde que alimentaba la intensidad de la actuación del actor de quince años y se unía a él en una conspiración privada contra el resto del reparto y del equipo. El maestro de la fotografía Henri Decaë rodó la película en localizaciones auténticas de París y Truffaut nunca dudó en alejarse de la historia para trasmitir dolorosamente momentos de detalle emocional.
Una de estas secuencias se produce cuando Antoine sube a una calesita y retuerce su cuerpo en contorsiones irónicas expresando un débil impulso de rebelarse contra las normas restrictivas de la sociedad. Otro momento intenso se produce al final con un retrato de la angustia existencial que tal vez constituya el momento aislado más poderoso del cine de la nouvelle vague.
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