CONFESIONES CASI INTIMAS
No quería hablar de su cumpleaños (era el 14 de setiembre de 2000, el día en que cumplía 80 vueltas en torno al Sol). Se negó siempre a contar detalles de su vida privada. Estaba en Madrid, conversamos largamente por teléfono y me confesó que pensaba en la cercanía de la muerte y que sin embargo aún tenía muchos proyectos, disfrutaba la buena gastronomía española, la lectura, la amistad y el amor.
«A mi edad la vida no es lo mismo que a los cuarenta» me dijo de pronto iniciando una conversación que en primera instancia resultaba esquiva. «Uno ha disfrutado cosas, ha sufrido cosas y ahora se tiene otra madurez para ver la vida. Incluso, mi propia edad incluye la cercanía de la muerte. También hay que tomar una actitud frente a ese hecho inevitable, que no podemos esquivar».
Sin embargo, la meditación sobre el final de la existencia no lo turbaba. Amaba, quería, escribía, leía.
«Disfruto de la amistad, disfruto del amor, del escribir. Cuando me acuesto llevo un libro a la cama y leo».
Sereno y pausado aunque con un tono de voz que denotaba una vitalidad desbordante, Mario insistía en que no quería conversar acerca de su vida privada. Sin embargo me confesó que entre sus platos favoritos estaba la tortilla a la española «de papas o de patatas, como dicen acá en España. Y me gusta mucho el gazpacho (sopa fría). También me gustan mucho los quesos. Preocupado por el futuro, Benedetti pensaba en los niños. «La ternura está ligada a la sensación del amor, de la amistad. Los niños me despiertan ternura, evidentemente, pensando en todo el mundo que se les viene encima y que, mucha veces, están indefensos para enfrentarlo».
Hoy, me lo imagino en algún lado, no se bien dónde. Disfrutando un regio plato de gazpacho acompañado por una tortilla a la española, esas que en Uruguay (del mundo perdido) hacían con pocos recursos y mucho amor nuestras madres y nuestras abuelas.
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