Admiración. Una de las bandas más queridas del rock uruguayo recibió aplausos hacia el cielo

No te va Gustar, dos noches de emoción en el Teatro de Verano

En uno de los mejores lugares de Montevideo para realizar un recital, NTVG culminó la gira de despedida de su último disco en nuestro país. Fue en dos frías noches de otoño y cielo estrellado, que dieron marco al reencuentro con su público.

El escenario presentaba modernas pantallas gigantes a sus costados, y una pantalla central al fondo, lo que complementó a la música, con una escenografía que potenció el sentido visual del show. Pantallas que aportaron también una original forma para hacer cantar a todo el público en los temas más conocidos a través del toque-karaoke, en el cual ubicaron en imágenes todo el texto de las canciones, algo que sorprendió y enganchó a las cinco mil almas allí apostadas en cada noche.

Tras la excelente presentación de la banda soporte, La Saga, la canción «El camino» fue la que dio un comienzo fanky­disco inicial a su fusionado ska. Salvo algunos problemas de equilibrio de volúmenes que un par de veces vivieron particularmente Emiliano Brancciari y Denis Ramos, el sonido fue muy bueno. Se pudo observar en los veintiocho temas ejecutados, las alternativas musicales que No Te Va Gustar desarrolla en cada disco, estilos que pasan por el reggae, distintas mezclas de rock­murga, o candombe-rock, y fanky­disco, así como las baladas clásicas y también sus cortes de estricto formato rock, particularmente de este último disco, donde incorporaron nuevos sonidos.

Presentaron además una serie de invitados de reconocida experiencia y nivel artístico como Mandrake Wolf, quien tocó la tierna canción «Cosita linda» del primer disco. Tema que hiciera para su ahijado, y que el viernes se la dedicó a su hijo y el sábado al pequeño «muso inspirador» que lo observaba con timidez desde la tribuna. También participó el murguero Alejandro Balbis que acompaño en los coros y el vocalista de La Trampa, Ale Spuntone que cantó «Tan lejos», momento en donde se produjo un corte muy emotivo con el quiebre del mismo Spuntone, quien agradeció a los muchachos del grupo por su colaboración con la fundación en la que él trabaja con niños en proceso de rehabilitación de parálisis cerebral.

En la mitad del show toda la banda realizó una breve manifestación con imágenes y pancartas en favor de la lucha contra la violencia doméstica, contra la violencia hacia las mujeres. Allí subieron al escenario varias militantes de esa causa y se exhortó al público a sumarse para combatir esa grave problemática que en lo que va de este año ya se llevó la vida de diecinueve mujeres, y que en 2009 costó la vida de treinta y ocho. Un emotivo corte que demostró la sensibilidad y el compromiso de NTVG con la problemática social.

El reflote de temas que estuvieron en stand bye durante varios años agitaron la tribuna con saltos y coros en oleada, como «Poco» y en coros murgueros con «Clara» o «Cielo de un solo color», en una fiesta que no finalizó como acostumbra hacerlo la banda con «No era cierto». Tras los veinticinco temas previstos que recorrieron el último disco, así como también la historia creativa de NTVG, y algún adelanto del nuevo disco y luego de la antigua canción de despedida, la gente no se movió de su lugar esperando algunos bis, hecho que se concretó tras la insistencia demostrada en aplausos y cánticos, con las contundentes «Más feliz», «Fuera de control» y «Te voy a llevar», que terminaron de revolucionar la noche.

Pocos grupos pueden mantener una altura instrumental que se mantenga en el concepto rock, y mover al mismo tiempo las fibras personales de los escuchas en una dulce sensación de acercamiento. Grupos como Legiáo en Brasil, lo logran a la perfección. Y salvando las diferencias e identidades respectivas, por supuesto, se puede percibir en las letras e intención de esta banda, algo así, como una melancolía que arremete con ritmo y fuerza, desde el fondo del alma y hacia arriba. Y eso se percibe en el público y en sus incondicionales fans, así como en ese feedback fusionado en saltos, silbidos y ovaciones, que la sensibilidad de este grupo genera en cada uno de sus espectáculos.

Los aplausos hacia el cielo son el tributo final a los grandes espectáculos de rock, donde la satisfacción y la adrenalina se despiden, con los brazos levantados y aplaudiendo, buscando una salida en el cielo. Y así fue.

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