Plaza Suite. Obra de Neil Simon, en teatro Alianza Uruguay-Estados Unidos

Intrigas variadas entre cuatro paredes

En el acto primero Verónica Caissiols (Karen) trata de revivir, en la misma suite donde pasaron la noche de bodas, su romance con su marido Sam (Sergio Pereyra) un hombre muy atareado, no sólo con sus negocios sino también con una joven secretaria.

Como todos o casi todos los intentos de palingenesia, el plan fracasa, la pareja se trenza en discusión y Sam, harto de todo, se va, pretextando urgentes ocupaciones. Es un argumento del montón; Sergio Pereyra pone en su personaje competencia profesional y nada más; posiblemente no había nada que poner en su vacuo y ruidoso personaje. En cuanto a Verónica Caissiols, creemos que Karen, que tampoco es un personaje muy elaborado por el autor, tenía unas gotas de frivolidad seudo elegante que no aparecieron en la escena.

En el segundo acto, «El huésped de Hollywood», la situación es radicalmente opuesta. Es Jesse (Alvaro Armand Ugon), un productor de Hollywood, el que trata también de volver a seducir a su ex compañera, Muriel, distanciada por la abundancia de conquistas femeninas en la vida de Jesse. Ella concurre a una cita en la suite 719 sin más intención que una charla de amigos; él logra reconquistarla, así sea por una hora o dos; ello sucede (o mejor parece que va a suceder), no tanto por el atractivo físico o psíquico de Jesse, sino casi por un capricho, deslumbrada Muriel por el brillo de la mundanidad hollywoodense de su galán. La competencia profesional de los actores es indudable; pero la impresión final que deja la actuación es exterior y hasta de cierta frialdad.

El tercer acto, «Los huéspedes de Forest Hills», es el mejor, por mucho el más cómico y sutil, y digámoslo de una vez, brilla por la deslumbrante actuación de Ignacio Cardozo, que está en un plano claramente superior al de todos los demás intérpretes de los tres actos. Estamos ahora en el mundo de la alta clase media; se casa Mimsey, la hija (Natalia Agra) de Roy (Ignacio Cardozo) y Norma (Adriana da Silva). La tensión del gran momento lleva a Mimsey a una crisis: se encierra en el baño, no quiere salir, no quiere casarse. El padre, Roy, intenta frenéticamente y por varios medios, que incluyen la fuerza, imponer su autoridad paterna, sin mejores motivos que su amor propio y el costo, que perderá inútilmente, de la fiesta que ya discurre en el hall del New York Plaza. No revelaremos aquí el final, con la derrota del autoritarismo y el triunfo de los sentimientos y las sensaciones más simples. Fue un remate perfecto, que llega por la reflexión y que incita a pensar.

Tres plácemes finales. El primero, para la perfecta, elegante, sobria escenografía de Osvaldo Reyno, que hace hablar a una suite de un hotel de lujo. El segundo, la dirección de Elena Zuasti, sin estridencias pero eficaz y muy atenta al texto y a sus ideas; y, al fin pero no lo menos, la buena traducción de Eduardo Marzorati, que, entre otras virtudes no agravia al público cambiando (o ya traduciendo), por ejemplo, «Roy» por «Roberto» o «Tito», ni «Muriel» por «Mariana», ni, por supuesto, «Forest Hills» por «Carrasco» o «Mamaroneck» por «La Unión».

PLAZA SUITE, de Neil Simon, con Verónica Caissiols, Sergio Pereira, Verónica Echartea Acosta, Alvaro Armand Ugon, Victoria Rodríguez, Adriana da Silva, Ignacio Cardozo, Nicolas Baladán y Natalia Agra. Escenografía de Osvaldo Reyno, música de Carlos García, dirección general de Elena Zuasti. En teatro Alianza, sala 1.

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