Poesía es resistencia, dijo ayer Juan Gelman, al cumplir ochenta años
Ayer, en ocasión de cumplir su vuelta ochenta alrededor del sol, Juan Gelman afirmó que «la poesía abre puertas a la riqueza interior de cada uno». En declaraciones al diario «Milenio», donde colabora semanalmente, afirmó que la lengua «es un lugar de muchas patrias» y que durante el exilio le tocó vivir en países donde no se hablaba castellano.
«Uno se arma una suerte de defensa y hay un aferramiento mayor a la propia lengua. Estar en medio de lenguas ajenas me llevó a estar más cerca de mis propias raíces», indicó el poeta.
El jueves próximo Gelman presentará en el Centro Cultural España de la ciudad de México una edición ilustrada de su libro «Bajo la lluvia ajena», en el cual el tema del exilio vuelve a estar presente como una obsesión.
Ganador de los premios Cervantes de Literatura y Reina Sofía, Gelman, quien vive en México desde hace muchos años tras haber estado exiliado en Italia, Francia, España y Nicaragua durante la dictadura militar argentina (1976-83), lucha aún por encontrar los restos de su nuera María Claudia Irureta Goyena.
Gelman nació en Buenos Aires, en Villa Crespo. Aprendió a leer a los 3 años y pasó su infancia andando en bicicleta, jugando al fútbol y leyendo. Comenzó a escribir poemas de amor cuando tenía ocho años y publicó el primero a los once (1941) en la revista «Rojo y Negro». En 1955 fue uno de los fundadores del grupo de poetas El pan duro, integrado por jóvenes militantes comunistas que proponían una poesía comprometida y popular y actuaban cooperativamente para publicar y difundir sus trabajos. En 1956 el grupo decidió publicar su primer libro, «Violín y otras cuestiones». En 1959, influenciado por la Revolución cubana comenzó a adherir a la vía de la lucha armada en Argentina y a disentir con la postura opuesta del Partido Comunista. En 1966 comenzó a trabajar como periodista. Se desempeñó como jefe de redacción de la revista «Panorama» (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario «La Opinión» (1971-1973), secretario de redacción de la revista «Crisis» (1973-1974) y jefe de redacción del diario «Noticias» (1974). En 1967, durante la dictadura militar autodenominada «Revolución Argentina» (1966-1973), se integró a la organización guerrillera recién formada Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de orientación peronista-guevarista. A fines de 1973 pasó a integrar la organización guerrillera Montoneros, de orientación peronista, a raíz de su fusión con las FAR. En 1975 Montoneros lo envió al exterior para hacer relaciones públicas y denunciar internacionalmente la violación de derechos humanos en Argentina, durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976). En esa misión se encontraba cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que inició la dictadura militar autonominada «Proceso de Reorganización Nacional» (1976-1983), e impuso un régimen de terrorismo de Estado que causó la desaparición de 30.000 personas. Salvo una breve entrada clandestina a Argentina en 1976, Gelman permaneció exiliado en el exterior residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México y trabajando como traductor de la Unesco.
En 1979 decidió abandonar Montoneros por estar por completo en desacuerdo con el verticalismo militarista del movimiento y por las negociaciones que había entablado entonces en Francia su Conducción Nacional con el miembro de la Junta Militar almirante Emilio Massera. A raíz de ello Montoneros acusó a Gelman de traición y lo condenó a muerte.
En 1998 Gelman descubrió que su nuera había sido trasladada a Uruguay a través del Plan Cóndor, que vinculaba a las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos, y que había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el hospital militar de Montevideo. A raíz de ello exigió la colaboración de los estados argentino y uruguayo en la investigación con el fin de hallar a su nieta. Gelman topó con la oposición a investigar del presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, con quien entabló un debate público en el que volvió a ser apoyado por destacados intelectuales y artistas como Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago y Fito Páez. En 2000, al mes de asumir Jorge Batlle como nuevo presidente, la nieta de Gelman, de nombre Andrea (Andreíta, la menciona el poeta en varios poemas) fue encontrada y Gelman pudo reunirse con ella. Luego de verificar su identidad, la joven decidió tomar los apellidos de sus verdaderos padres, para llamarse María Macarena Gelman García.
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