"Fuera de cuadro", en El Callejón De Los Deseos, en Buenos Aires

Fuera de pista

Luego de dos obras de una pesadez plúmbea, «Obito» y «Geometría», encontramos a Javier Daulte decidido a entretener al público. ¡Enhorabuena! Autores tan serios como Flaubert y Balzac no concebirían una obra literaria incapaz de tener en vilo a los lectores; hoy, en cambio, cuando los «dramaturgos jóvenes» parecen producir instantáneamente la obsolescencia de todos los libretos de los siglos XIX y XX, los autores ya no intentan agradar, entretener, divertir sino que se empeñan en sujetar al público mediante la intimidación. Sus obras son difíciles de entender o derechamente no se entienden, pero eso no parece ser un defecto sino un mérito; no hay trama, argumento o intriga, porque agonizan desde 1900; suelen situarse a horcajadas sobre dos artes, como la plástica, con el «teatro-instalación» o como la danza, con el «teatro-danza»; ya sabemos que, como escribió memorablemente un crítico local, «las fronteras del arte están cayendo a paso redoblado». Tampoco estas obras divierten, pero su lentitud debe entenderse como profundidad; no hay personajes, pero lo moderno es impersonal; el diálogo es desmañado, pero ¿acaso ignoráis que el texto ha muerto?; se dicen tonterías y lugares comunes, pero la vida es así. Los lectores recordarán, quizás, «La extravagancia» de Rafael Spregelburd, habrán oído hablar de Ricardo Bartís, su puesta en escena (?) de «Hamlet«, o de «Los siete locos», de su obra «La china»; pero hay autores uruguayos con las mismas características. Parecería que hay que resignarse al teatro como uno se resigna a un día de lluvia o a esperar turno en la policlínica.

«Fuera de cuadro» tiene un arranque prometedor. Hay un monólogo de verdadero efecto cómico, a cargo de una mujer reivindicadora, muy bien interpretada por Gabriela Izcovich, que derrama sobre su marido una lluvia de palabras seudoanalíticas, con especial énfasis en la diferencia entre «estar» y «estar juntos» y en la gravitación de lo «coo-tii-diaa-noo», que recobraría sentido, vida y amor si el hombre condescendiera, por ejemplo, a reparar un caño que también pierde sin parar. A este acierto de Daulte siguen, de inmediato, puros despropósitos, que si divierten al principio terminan por cansar: el marido contrata a un plomero, a quien, en plena labor, la mujer toma por aquél, con lo que ella empieza a salirse de cuadro con derivaciones imprevistas; el marido se analiza con una psiquiatra a quien le sangran la nariz y las encías y que necesita más auxilios psicológicos que su paciente, con el que de buenas a primeras mantiene relaciones sexuales; psiquiatra que está envuelta en un divorcio que culmina en una desfiguración de una orden judicial de no innovar por un marido persecutorio a bordo de un helicóptero, donde también está, por supuesto que fuera de cuadro, la mujer del principio, que ha pasado además por un hospital equivocado donde autoriza la operación de un extraño, reducido a la mudez… Toda esta divagación y mucho más culminan en una confluencia artificial que pretende justificar el maremagnum previo.

«Fuera de cuadro» es insustancial y frívola y sus méritos no van más allá de ser un discreto pasatiempo. El absurdo de sus situaciones tiene más relación con «Locos de verano» o «Jettatore» de Laferrère que con «Rinocerontes» de Ionesco; aún así, las situaciones son más rebuscadas que fantásticas, los diálogos más aleatorios que divertidos, las escenas más narradas que bien armadas y resueltas sobre las tablas. Concluye la obra, el espectador sale del Callejón de los Deseos y a los pocos metros no queda en su mente de «Fuera de cuadro» más que un largo bochinche.

Es probable que este efecto sea el propósito del autor; de ser así, su género es el de la obra montevideana «A las doce de la noche se baila La Traviata«, de Leonardo Preziosi, con la que «Fuera de cuadro» tiene más de un punto de contacto. Escribió Nietzsche que el amor es uno solo, pero que hay muchos sustitutos: el teatro también es uno solo, pero muchas otras cosas ocupan sus escenarios y hasta su nombre.

Fuera de cuadro, de Javier Daulte, con Gabriela Izcovich, Nies Jaume, Alfredo Martin, Sandra Monclus y Nora Navas. Escenografía y vestuario de Alicia Leloutre, dirección de Javier Daulte y Gabriela Izcovich. En El callejón de los Deseos, Humahuaca 3759 (Subterráneo B, «Medrano»).

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