Nueve reinas

Menos es más

Ambas preguntas tienen una sola respuesta: hay que limitarse a contar lo que se quiere contar sin admitir intromisiones discursivas ajenas a la propia narración y eludir las frases rimbombantes dichas en la cumbre de una montaña mientras el sol se pone. En definitiva, saber trasladar un buen guión a la pantalla con gracia y efectividad, tal como ocurre en Nueve Reinas.

Para poder cumplir con su objetivo, el debutante Fabián Bielinsky convocó a Ricardo Darín y Gastón Pauls para los papeles protagónicos de su historia, ganadora del concurso de guión organizado en 1998 por la productora Patagonik Group Films y otras empresas. Agregando un plus a las bondades del libreto, la elección actoral también se revela sorprendentemente ajustada.

Darín es Marcos, un experiente estafador minorista que se dedica a birlar cien, cincuenta pesos aquí y allá, recurriendo a diversas variantes del «cuento del tío». Pauls es Juan, quien se dedica más o menos a lo mismo pero con menos currículum en su haber. Se cruzan «trabajando» en el súper de una estación de servicio y Marcos le propone al novato encarar juntos un trabajo para ese mismo día, ya que su compañero habitual ha desaparecido. Reticente, (después de todo se trata de estafadores), Juan acepta.

Luego de desplumar a varios en su camino, Marcos recibe una llamada de su hermana: un viejo falsificador lo reclama en el hall del hotel donde ella trabaja, luego de haber sufrido un desmayo. Con esa llamada, la recién formada pareja de estafadores se topa con una oportunidad única, «una en un millón», al decir de Marcos.

Toda la acción de Nueve Reinas se desarrolla entre la madrugada de un día y las nueve de la mañana del siguiente. Los tanteos entre los dos estafadores son presentados en forma correcta aunque algo rígida por el director Bielinsky, mejorando sensiblemente en la segunda mitad de la película la química actoral y los buenos diálogos que condimentan la acción.

Es justamente en su pequeñez donde reside la efectividad de Nueve reinas: no son mártires sociales, no son freaks desamorados y llenos de complejos, son simplemente dos malandritas de poca monta y mucha inteligencia callejera (Marcos se jacta de no usar arma, «eso lo hace cualquiera») que se topan con un asunto más grande que ellos.

Darín vuelve a dar muestras de su solvencia actoral, cualidad que para muchos (entre los que me incluyo) había pasado desapercibida: compone su Marcos con exactos y mínimos tonos y gestos. Sorprende más todavía Pauls, habitualmente encajonado en papeles de «lindo» o «lindo raro» en la TV: su Juan es contenido y resulta a la postre una caja de sorpresas.

Acompañan correctamente Leticia Brédice y Tomas Fonzi, como hermana y hermano de Marcos, respectivamente.

Con todo, lo mejor de Nueve Reinas es el guión del propio Bielinsky, perfecto en sus guiñadas y giros. Armado en el estilo de filmes como Los sospechosos de siempre (más) o Sin salida (menos), Nueve Reinas es un policial sin policías ni pistolas, es una historia de amor sin romance e, irónicamente, es un filme social sin tener la más mínima pretensión de serlo.

Sin construir parábolas abrumadoras ni poner a sus actores a declamar torpes discursos delante de la cámara, el director Bielinsky se las ingenia para realizar uno de los filmes argentinos más frescos y entretenidos de los últimos años.

Quizá eso no sea gran cosa para alguien que busque en una película respuestas para la crisis de valores que enfrenta occidente, pero seguramente bastará para alguien que vaya al cine buscando un poco de entretenimiento inteligente.

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