Artes Visuales

Laureados del Premio Pritzker Arquitectura

La resonancia internacional es obvia. Entre los veintidós laureados figuran siete estadounidenses, tres nipones, dos ingleses, dos latinoamericanos (México, Brasil), dos italianos, y uno por Portugal, Austria, Holanda y Alemania. Ahora le correspondió compartido a dos suizos.

La lista de espera es importante. Los alemanes tienen excelentes posibles nominaciones en Helmuth Jahn, Josef Kleihues, Gustav Peichl y Günther Behnisch, los japoneses a Togo Murano, Kisho Jurokawa, Kenzo Kuma, Arata Isozake, Toyo Ito, los españoles a Ricardo Bofill y Santiago Calatrava, dos mujeres, la italiana Gae Aulenti y la iraní Zaha M. Hadid, hay que tenerlas en cuenta, así como al uruguayo Rafael Viñoly radicado en Nueva York, al argentino César Pelli en la misma situación, y los franceses Jean Nouvel, Philippe Stark y Bernard Tschumi, entre otros. Son estrellas del firmamento arquitectónico contemporáneo.

Hace pocos días el Premio Pritzker de Arquitectura 2001 fue concedido a Jacques Herzog y Pierre de Meuron, ambos suizos del 50, siguieron carreras paralelas y fundaron en 1978 una oficina de trabajo. Tienen célebres antecedentes históricos en su propio país: Le Corbusier y Max Bill.

La fama más reciente del dúo surgió de la remodelación, a orillas del Támesis, de una central eléctrica (Bankside) de los años 40 propiedad original de Sir Gilbert Scott (diseñador de las cabinas telefónicas rojas inglesas), para una ampliación de la Tate Gallery de Londres, fundada a partir de la colección de Sir William Tate, millonario inventor del terrón de azúcar.

El diseño del estudio Herzog & De Meuron, ganador del concurso internacional en 1995, respeta la dureza original de la central térmica, según el director Sir Nicholas Serota, dejando desnudos sus muros de ladrillo, barnizando los suelos de cemento y sopleteando las viejas vigas de metal. Para facilitar el acceso de luz natural se apeló a un rectángulo de cristal, única alteración visible desde el exterior, especialmente de noche, en esta mole de ladrillos dividida por una chimenea que hasta 1981 contaminó el cielo londinense.

«Tratamos de hacerlo más británico aun de lo que era, pero subversivamente: acentuando su vulnerabilidad y profundizando lo antidecorativo en nombre del espacio y de la luz», afirmó Herzog. La zona tiene espacios ilustres cercanos: el Teatro Globe de Shakespeare y el puente colgante peatonal de Sir Norman Foster y el escultor Anthony Caro, rescatando un barrio degradado, donde la Modern Tate será su máxima atracción.

Antes, Herzog & De Meuron hicieron otros museos y edificios en varios países y es de destacar una galería de arte de Munich, considerada por su iluminación, la mejor del mundo.

Ahora recibirán una recompensa de cien mil dólares y lucirán una medalla de bronce (no de oro) basada en un diseño de Louis H. Sullivan, el mítico padre de los rascacielos en Chicago, y en el reverso las palabras firmeza, comodidad y deleite, las tres condiciones de la buena arquitectura según un tratado de Henry Wotton de 1624, traducción del antiguo tratado romano de Vitrubio.

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