Una humorística reflexión sobre el drama de una guerra absurda
Este episodio bélico, que nació de las entrañas de la intolerancia racial, devino en un paranoico mesianismo que pretendió instaurar un modelo civilizatorio hegemónico perdurable.
Las graves consecuencias de ese delirante ensayo refundacional de dimensión devastadora, permanecen impresas en la memoria colectiva como una suerte de herencia maldita.
El cine ha recreado recurrentemente ese tiempo de violencia genocida, desde la mirada meramente mercantilista y taquillera de Hollywood hasta las reflexiones existencialistas que suele proponer la cinematografía europea.
Esos abordajes críticos también habilitan lecturas bastante menos dramáticas, que enfatizan algunos aspectos grotescos de las conductas de los protagonistas de esa terrible conflagración.
En «La rosa del desierto» el nonagenario realizador italiano Mario Monicelli retorna a la actividad luego de un prolongado alejamiento de los estudios.
Este maestro, que tiene 94 años y es una suerte de mito viviente del séptimo arte, es recordado por títulos emblemáticos como «La gran guerra», «Los compañeros», «La armada Brancaleone» y «Los desconocidos de siempre», entre otros.
En este filme, que fue rodado en 2006, el célebre cineasta construye otro de sus clásicos cuadros satíricos, ambientado precisamente en la Segunda Guerra Mundial.
En este caso, el escenario natural es el desierto libio, un paisaje árido e inhóspito donde deben convivir los soldados de un batallón del Ejército italiano.
Aunque la misión del comando es de ayuda sanitaria, la historia está imbricada a la ofensiva militar lanzada por el fascismo en el Norte de Africa, como parte del delirante proyecto imperialista del dictador Benito Mussolini.
Fiel al estilo ácido y hasta irreverente que ha pautado una aclamada carrera artística de más de medio siglo, Monicelli pone bajo la lupa a los protagonistas de esta peripecia.
Se advierte claramente que nadie asume esa experiencia como una causa ni una opción propia de vida, lo cual transforma al filme en un auténtico retrato de conductas humanas.
En ese contexto, los peculiares personajes constituyen la esencia misma de la materia cinematográfica, desde el desencantado mayor del Ejército y el cura burlón hasta el teniente oftalmólogo que no es idóneo para atender emergencias médicas.
Todos sobreviven lo mejor que pueden, en medio de una guerra absurda que poco les interesa y que asumen como una suerte de pasatiempo.
Diferente es la actitud de sus aliados alemanes, que Monicelli retrata como grotescas y disciplinadas máquinas de impartir y ejecutar las órdenes de sus superiores.
En este filme, la tragedia de la guerra está bastante desdramatizada por un humor que privilegia particularmente el examen de las psicologías humanas y reflexiona sobre las ideologías, la religión, el rol de la mujer y la burocracia.
Una de las mayores virtudes de esta película es el afinado trabajo de cámaras y una estupenda fotografía, que pincela elocuentemente el desolado paisaje desértico.
Hay también muy buenas interpretaciones protagónicas, que coadyuvan a retratar la arquetípica fauna humana que interactúa en la historia.
Aunque dista de ser una obra mayor, «La rosa del desierto» es una comedia de tono agridulce, que explora con fino y ácido humor las vicisitudes de la humana aventura de vivir en peligro.
Compartí tu opinión con toda la comunidad